#yomequedoencasa … #perotrabajando. Carta de un orientador para docentes estresados.

El orientador Héctor Palazón comparte este texto, una llamada de atención para que profesoras y profesores reflexionemos sobre qué podemos aprender y qué pueden aprender en estos tiempos marcados por el confinamiento por el COVID-19. Acompañan el texto varias viñetas del propio autor.

Artículo 1

Viñeta original de Héctor Palazón

Resulta paradójico lo que estamos viviendo estos días desde el ámbito de la educación, y creo que coincidiréis conmigo. Por un lado, nuestros maestros y profesoras están agobiados y saturados de trabajo, correcciones, actividades, explicaciones online en directo y en diferido, de buscar todavía más y más maneras de transmitir y llegar al alumnado, de exprimir más el jugo de la creatividad y de compartirlo además con el resto de sus colegas de profesión. Por otro lado, nuestras familias y alumnado están agobiados y atosigados de tanta tarea, de tanta plataforma digital y formato de trabajo distinto, de madres que se las ven y se las desean para explicar a sus hijos la división con decimales (¡ay, cuando me vea yo en estas!), de padres que no saben o no pueden explicar a sus hijos la diferencia entre el complemento directo y el indirecto, y que por mucho que recurran a la grabación de la maestra o a la presentación del profesor, no lo consiguen. Y ojo, que he puesto un ejemplo muy generoso: el de un alumno o alumna cuyos padres intentan echarle una mano y que por si fuera poco, dispone de medios y recursos tecnológicos en casa. Sabemos que hay ejemplos mucho menos agradables de leer.

Entonces, si tanto por una parte como por otra, no termina de convencernos del todo esta carrera del currículo hacia ninguna parte, ¿por qué lo estamos haciendo?

Pues me atrevería a decir que es porque una vez más, para no perder la costumbre, se está poniendo en tela de juicio la labor de los y las docentes, a los que se nos está utilizando de nuevo como saco de boxeo y chivo expiatorio, y además gratuitamente, oiga, porque ya me dirá usted qué tenemos que ver con esta situación mundial que nos azota ahora mismo. Y los docentes, también para no perder la costumbre, a defender nuestro honor una vez más, como si los oídos necios se fueran a contentar con nuestra demostración de esfuerzo y trabajo. O como si la solicitaran. No es así, no les importa y no necesitan explicaciones. Esto no es más que un ‘allanar el terreno’ para cuando vuelvan los recortes y el castigo a lo público.

Lo más triste de esta defensa del honor, es que, como ya ha definido magistralmente Roberto Germán Fandiño Pérez en su artículo de opinión, se está haciendo desde un enfoque produccionista. Es decir, hemos entrado de lleno en el juego del capitalismo, en legitimar nuestra labor a través de nuestra producción. Y la única manera de ‘medir’ esa producción es, claro, mandar muchas actividades, corregir muchas más, y crear muchísimo contenido. Que se vea, que se note. Ah, y muy importante, estresarse mucho, pues es el mejor indicador actual de que nos estamos dejando la piel en el trabajo.

Artículo 2

Viñeta original de Héctor Palazón

Así, nos estamos esforzando mucho por explicar el verbo “To be” del inglés, y a cambio, hemos dejado de lado lo más imperante ahora mismo, esto es, el ser y estar. El ser: ser conscientes, ser frágiles, ser empáticos, ser vulnerables (como dice nuestra compañera Mábel Villaescusa), ser humanos y humanas, en definitiva, y no meros robots de una cadena de montaje que ha demostrado quedar obsoleta. El estar: estar en casa, estar con la familia, estar con nuestra soledad, estar presentes en nosotros mismos, en nosotras mismas, aunque ello implique asomarse a un lugar tiempo ha abandonado.

Está permitido vivir esta situación sin estrés, y aun más, hasta con paz y sosiego. Pero está mal visto, eso sí. Y más siendo docentes.

Pero quizá no hemos tenido tiempo ni de pensar en ello, debido a la urgencia con la que nos hemos propuesto desde el primer día de este confinamiento el seguir como si nada (aunque telemáticamente). Urgencia que no es sino una estrategia inconsciente, un mecanismo de defensa, para no detenernos a sentir, para no enfrentar el abismo de pánico, incertidumbre, y hasta terror, que puede provocar esta situación. Y en mi humilde opinión, creo que si de esta no salimos transformados, no habrá servido de nada. Regresar al anterior status quo sería tan improductivo como es, en tantas ocasiones, repetir curso.

Y para eso, quizá, además de aprender Historia, deberíamos aprender junto a nuestro alumnado, Presente. Pues es Historia lo que se está escribiendo en estos momentos, en nuestras calles y monumentos vacíos, en nuestros líderes mundiales y expertos fracasando y errando en sus predicciones y en sus acciones, en una situación global sin precedentes. El presente está inundado de incertidumbre, no es necesario ni justo que los docentes hagamos como que no es así.

Además de aprender Biología, es hora de mirar junto a nuestros alumnos y alumnas qué está pasando con el planeta en estos momentos, con su fauna y su flora. Por qué en los canales de Venecia nadan los peces en un agua cristalina, por qué en un pueblo de Albacete campan las cabras montesas por sus calles, o cómo es posible que en la India se haya avistado una civeta, cuando se creía extinta desde hace años. Ya no es necesario hablar de calentamiento global, de impacto medioambiental ni de la importancia y la urgencia de desarrollar una conciencia ecológica, o al menos no es necesario hacerlo de un modo teórico. Sólo es necesario ver, sentir y escuchar: el mensaje de la Tierra es claro.

Ya con esto termino: ¿os acordáis de las competencias? ¿Aquello que se supone que es el eje de nuestra actual ley educativa? Pues quizá es el momento de poner en primer plano aquellas competencias de ‘segunda categoría’: la relacionada con la conciencia y expresión cultural, que se está revelando de un modo maravilloso en nuestros balcones y redes sociales; las cívicas y sociales, que se está experimentando en nuestros vecindarios y dejando claro que los humanos, somos capaces de hacer cosas hermosas por nuestros hermanos y hermanas; el espíritu emprendedor, que se relaciona directamente con las anteriores, y que deja patente una vez más aquello tan trillado de que crisis puede significar oportunidad.

Y claro está, el aprender a aprender. Pero empecemos por nosotros, por favor. Aprendamos que con los viejos patrones, no podemos afrontar las nuevas situaciones; aprendamos que un torrente de actividades enviadas y corregidas por correo electrónico, no garantizan la transmisión del currículo, y desde luego no nos hace mejores profesionales; aprendamos, insisto, que no debemos defender nuestro honor ante nadie. Como me dijo un hombre sabio, “la verdad no necesita ser defendida”.

Artículo 3

Viñeta original de Héctor Palazón

 

Pienso en muchos de mis compañeros y compañeras, y sé que el amor por la docencia es el verdadero motor de vuestros actos. No necesitáis demostrar nada, pues dignificáis cada día esta profesión. Gracias por todo.

 

10A - Foto de perfil Héctor Palazón

Héctor Palazón Oliver, orientador en el IES Antonio Serna de Albatera (C. Valenciana)

Autor de http://machinitos.es/

6 comentarios en “#yomequedoencasa … #perotrabajando. Carta de un orientador para docentes estresados.

  1. Bravo, Hector.
    Me ha encantado tu análisis por cómo aciertas.
    En la Comunidad de Madrid incluso nos ha escrito, algún alto cargo de nuestra administración, una carta emotiva y humana, comprendiendo nuestra situación y felicitándonos por lo bien que lo hacemos (cualquiera se atreve ahora a tomarse las cosas de otra manera y relajarse un poco).

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  2. Gracias por este artículo. La mejor reflexión sobre nuestra profesión en tiempos de pandemia… Lo comparto totalmente y desde el corazón.
    Gracias, gracias, gracias

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  3. Alto y claro, Héctor. Nuestros representantes, algunos más cercanos y otros más lejanos, son los primeros que se encargan de que seamos productivos, tantos por ciento, poco les importa ponernos al pie de los caballos. Y la educación emocional no &entra en sus estadísticas, esa no es evaluable, es prescindible. Me ha encantado leerte. Un saludo

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