“Un… duelo, viene a verme”.

En su estudio sobre las emociones y el duelo, la compañera Orientadora Yolanda Vecilla,  reflexiona y nos insta, desde la educación,  a no mirar para otro lado y acompañar a los niño/as y adolescentes, que tengamos cerca en los centros escolares, para que “derroten” a esos monstruos, que a veces, inevitablemente, como es la vida misma, les visitan.  

Desde los confines de la existencia, de las emociones, cada día, incluso en varias ocasiones a lo largo de una jornada, nos visitan pequeños duelos, pequeñas pérdidas.

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No somos conscientes de cuán importante es reponerse a estas pérdidas minúsculas, soportarlas, contenerlas, darles el significado que poseen y el lugar que merecen. Esto sucede porque hemos aprendido, de una forma u otra, a hacerles frente, a veces, de formas muy desadaptativas. Sin embargo, cuando constituyen un ente algo mayor, cuando ocupan el mismo territorio que ocuparía UN MONSTRUO en nuestras mentes, en nuestros sueños; cuando nos aterran, nos paralizan, cuando no nos permiten dormir, es entonces cuando reparamos en ellas, y en el modo en que las hemos devorado, TRAGADO, sin digerirlas, como lo hace un PAVO.

Cuando este tipo de pérdidas atañen a nuestros alumnos y les tenemos cerca, como maestros, como profes, como orientadores, no podemos mirar hacia otro lado sin más, debemos pararnos a pensar: ¿Cómo podemos ayudarles? ¿Cómo podemos hacer para que ese dolor, esa amargura, cale en sus corazones sin agujerearlos; que deje sin embargo un aprendizaje real, válido para el futuro, para afrontar otras pérdidas, sí, pero, sin arrasar las estructuras, sin demoler la casa, sin destruir el poblado. Que sus cerebros en crecimiento no se vean coartados por un sentirse vacíos, perdidos, destrozados.

Es necesario hacerse cargo de lo que significa la PÉRDIDA, tanto para nosotros, los adultos, como para nuestros alumnos. Cuando llegamos al mundo nos indican que estamos encuadrados en un contexto, y entonces comenzamos a conocer, a descubrir, cuál es nuestra identidad, en función de ese contexto; pero generalmente, no nos enseñan que todas esas cosas que tenemos, son FINITAS, que todo cuanto conocemos, incluso la propia vida, es PERDIBLE. Vivimos como si fuéramos eternos, y los niño/as perciben esa vivencia, y la asumen como propia. Los alumnos/as en las distintas etapas, en Educación infantil, Primaria, Secundaria, Bachillerato… todos ellos, con su característica ENERGÍA VITAL, nos invitan a pensar, muy a menudo, que no existe la desgracia, no existe la pérdida ni el dolor, ni el vacío.

Es por este motivo, que hay que dar cabida, dentro de la educación, como Orientadores, dentro del asesoramiento que ofrecemos, a los duelos que afectan a los miembros de nuestra comunidad educativa; que son, ni más ni menos, los duelos que afectan a toda la sociedad: “murio mi abuelito”,” murio mi mascota”,” muere mi papá/mamá”, “y, y entonces ¿yo?”, “¿yo me voy a morir también?, ¿cuándo me voy a morir?”. Estos duelos “grandes”, estas preguntas que pueden llegar, de enjundia, son duelos y dudas que pueden convertirse en complicados, llegando a ser patológicos, y a los cuales tenemos que estar ATENTOS para poder responder. Para que las horas que los niño/as y adolescentes, pasen en nuestras manos, ante nuestros ojos, no sean horas baldías; que el dolor no pase inadvertido, que tengan un lugar de CONFIANZA donde poder expresarse, si lo desean, o no expresarse, si esa es su necesidad.

Uno de los mayores expertos en duelo de nuestro país, José Carlos Bermejo, indicaba, en una de sus ponencias, que “la mayor parte de los duelos, deben ser convenientemente dejados en paz”, con lo que estoy totalmente de acuerdo.

“La mayor parte de los duelos, deben ser convenientemente dejados en paz” José Carlos Bermejo.

Es fantástico observar la capacidad plástica de los sentimientos humanos, como el CORAZÓN se reconstruye, los recuerdos se recolocan poco a poco y; “si cae una lágrima en el cuaderno de mates, o si me peleo con alguien para demostrar la furia que siento porque mi abuela ya no estará en casa cuando llegue hoy, no pasa nada; los profes van a comprender, van a entender que estoy en esa situación; y yo, que soy casi un adolescente, no sabré que, el otro día, en la sala de profes, mi maestra, casi en un cuchicheo, habló con la orientadora y le dijo que estaba pasando algo en mi casa y al día siguiente, a través de una serie de pautas, blanditas pero concisas, que pasaron de mano en mano y de boca en boca, lograron que consiguiera calma, ser comprendido y una respuesta como yo lo necesito ahora, desde la comprensión, desde la contención y desde el cariño. Sólo así, quizá, la semana que viene, sí pueda presentarme a ese examen que tengo, para el que tanto me había preparado, y que por un momento pensé que esta profunda tristeza, iba a sabotearme”.

De modo que, la asunción del DUELO, el conocimiento de algunos indicadores básicos, y algunas respuestas adecuadas, serán fundamentales en el devenir educativo del alumnado, que pase por situaciones de este tipo.

Otra idea que ronda, cuando se estudia el duelo, es que, al fin y al cabo, tal como explicaba en un inicio, todos tenemos MICRO-PÉRDIDAS diarias, ¿O no es así?, ¿No nos sentimos dolidos y perdidos, cuando alguien, menoscaba nuestra dignidad? ¿No sentimos que hemos perdido la compostura, con algún compañero/a algunas veces?, ¿O cuando cuestionamos nuestra competencia y no sabemos qué hacer con ese chaval complicado que nos trae de cabeza? o ¿No sentimos que se pierde nuestra autoestima cuando no logramos solucionar un asunto, cuando nos sale mal un experimento, o cuando, a pesar de nuestros esfuerzos, no encontramos el resultado adecuado?

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Por todo ello, creo que es fundamental trabajar las emociones en la primera infancia, como se hace de modo muy activo en Educación Infantil,  dando continuidad a esa tarea en la etapa de Primaria, y no esperar a que ya en los últimos cursos, surjan conflictos y se decida implementar un programa específico, por algún maestro/a concienciado; sería necesario y más valioso, hacerlo en un inicio, como tarea PREVENTIVA Y VITAL, dotando a nuestros alumnos/as de HERRAMIENTAS que son precisamente COMPETENCIAS: cívicas, personales y sociales; que les van a ofrecer una base sólida para moverse por la vida, para enfrentarse a los momentos en que la PÉRDIDA supere a la GANANCIA.

Porque tener éxito es fácil, encontrarse bien es llevadero, a disfrutar no necesariamente nos tienen que enseñar;  pero a afrontar la tristeza, a encajar la pérdida, a darle significado a la muerte, a los fracasos, al vacío…; para eso sí necesitamos, a veces, que nos den un empujoncito. Y desde la Educación y la Orientación, tenemos mucho que ofrecer y que ganar, si acompañamos con tiento a nuestros chico/as, en estos momentos duros, pero de los cuales también se puede aprender, y mucho; tanto con el CEREBRO, como con el CORAZÓN.

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Yolanda Vecilla Bravo.

Orientadora en el EOEP Alberche.

El Tiemblo. Ávila.

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