Ser orientadora y no morir en el intento.

Ser orientador/a no es fácil, lo sabe bien Rebeca LLamedo, quien nos cuenta en este artículo que hacer este trabajo se traduce a veces en  una especie de “lucha”  diaria para desmontar injustos estereotipos, como si fuesen gigantes molinos de viento. 

Una familia llega al centro. Han solicitado una entrevista con el orientador. Tienen un hijo/a con necesidades educativas especiales. Uno de los bedeles les acompaña a su despacho. Vienen nerviosos. Han sido varias las experiencias que han tenido con los diferentes orientadores que han ido pasando por el colegio de su hijo. El bedel abre la puerta y llega la sorpresa:

El orientador es orientadorA. Mujer. Relativamente joven. Y encima dice que es pedagoga. No psicóloga. Te sientes como aquel anuncio de Mujer-Blanca-Busca.

Sus caras lo dicen todo. El padre frunce el ceño. La madre mira la reacción del padre. Y mientras contemplas la escena al otro lado de la mesa y piensas si debes o no empezar a sentirte pequeña. Casi como una hormiguita delante de un elefante.

Pero no. Decides que no. No has hecho todo el proceso por el que has pasado, para llegar hasta aquí, para ahora sentirte indefensa.

Así que te pintas la sonrisa en la cara, les das la mano, te presentas…  En definitiva, inicias todo el protocolo de #tranquilosqueestoydevuestraparte en un intento de suavizarles el impacto.

Cuando con quién toca trabajar es con el equipo docente, tres cuartos de lo mismo. Tengo compañeros y compañeras que prefieren trabajar en equipo de primaria. Fundamentalmente, porque no eres el único de tu especialidad en ese perfil y en definitiva, no estas tan solo ante el peligro. En unidades de orientación y en departamentos de secundaria, la situación es otra, realizas tus funciones sin compañeros, con todo lo que eso supone.

Personalmente prefiero secundaria. Me gusta sentirme parte del centro, pero todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Explicar las medidas de atención a la diversidad que tiene el alumnado en los equipos docentes, conseguir colaboración, realizar seguimientos efectivos, recordar el papeleo pendiente… Puede llegar a ser una tarea ardua y complicada. Y luego está, por supuesto, el tema de género. Ser mujer y orientadora es un handicap. Ser joven lo es aún más. Las familias, frecuentemente, no acaban de confiar.

Llevo once años trabajando y es una sensación que ya me empieza a resultar habitual. Una apreciación que se incrementa, cuando además los padres son también jóvenes. Y muy especialmente, por parte del padre. Te recuerdan que “podrían ser tu padre”, te miran con incredulidad, te preguntan por tu especialidad,…

Cuando empecé a trabajar, uno de los primeros comentarios que me dijeron, fue que a nosotros nos llaman “Pakistaníes” y yo no entendí nada. Luego me enteré del significado: “para qué están aquí”. No creo que ningún especialista de ningún departamento tenga un “apodo” más despectivo para describir su trabajo. Y no refiero al gentilicio. Es triste que nuestra labor sea tan poco valorada. Y es más triste aún que esté tan extendido.

Lo cierto es que nuestro trabajo supone un abanico muy grande de tareas. Independientemente del tema género, al perfil del orientador se le han colgado tantas funciones que es muy complicado llegar a todas y encima, llegar cumplirlas bien. Cada año parece salir del horno una nueva.

La visión generalizada del los compañeros, suele ser la de un profesional “que no se sabe muy bien qué es lo que hace en toda la mañana. Porque dar, no da clase pero tampoco se ve que haga otra cosa”. Así que a mí me han llegado a hacer comentarios sobre echarles una mano con lo suyo, porque “yo estaba holgadina de trabajo”.

De puertas para adentro la realidad es bien distinta. Atiendes el teléfono a la par que tienes cinco documentos de word abiertos y varias ventanas de consultas de material por Internet. Contemplas tu agenda sobre la mesa con esa infinita lista de tareas pendientes para el día a la que debes sumar todas las que no pudiste tachar ayer, ni antes de ayer… Escuchas al profesor de turno que viene quejándose de un alumno, asesoras a otro sobre materiales que necesita para la tutoria o documentación que tiene que entregar. Recibes a ese padre/madre que viene sin cita porque le urge hablar contigo. Vas a las reuniones de CCP, a las departamento, a las de tutores… Y haces las actas correspondientes. Atiendes al grupo de alumnos, que se ha escaqueado de matemáticas, para pedirte orientación académica. Revisas el correo electrónico y contestas a tantos como buenamente puedes.  Y así toda la jornada.

Cuando llega el final del día, tu lista no solo no ha disminuido sino que encima, se ha incrementado. Así que te llevas el trabajo a casa para aprovechar tu tarde en un intento de avanzar para la jornada siguiente. Y si además, como yo, vuelcas tu trabajo en un blog y en las redes sociales para serle útil a otros compañeros, a tu centro y a sus familias; eso ya es una tarea enormemente extra. Cuando cuelgas tu uniforme de orientadora, son las doce y media de la noche y aún podrías haberte tirado hasta las tres de la mañana. Pero hay que descansar para mañana volver a empezar.

La realidad es que soy orientadora y eso significa que mi labor consiste en muchos más aspectos que orientar:

O de orientar, de observar, de oír, de ofrecer y de opinar.

R de reflexionar, de remar, de recalcar y de razonar.

de imaginar, de identificar, de implicar, de implantar, de iniciar, de integrar y de incluir.

E de emburriar (empujar), de ejemplarizar, de evaluar y de escuchar.

N de negociar, de nadar, de navegar y de normalizar.

de tejer, de traducir, de trasladar, de tantear y tolerar.

A de apapachar, de analizar, de anticipar, de atender, de apadrinar y de apasionar.

Y es que ser orientadora engloba muchas otras profesiones en una sola…

funciones orientadora

Yo me pregunto: ¿realmente existe información suficiente de nuestro trabajo?, ¿les llega a las familias esta información?, ¿tenemos suficiente apoyo por parte de los equipos directivos?, ¿y del claustro?, ¿está igual de reconocida nuestra labor que la de otros docentes?, ¿tiene todo el equipo docente la misma carga de responsabilidades?, ¿están bien repartidas todas estas funciones?, ¿soy la única orientadorA que percibe esa sensación de discriminación en nuestro trabajo?

Para terminar:

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Rebeca Llamedo - Foto para publicaciones

 

Orientadora en el IES Peña Mayor de Nava (Asturias)
Administradora de los Blogs:           
Orienta2 en Nava – Los libros de mi cole
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9 comentarios en “Ser orientadora y no morir en el intento.

  1. Pues,Rebeca, lamento un montón que te hagan sentir así porque a mi me encanta que seas mujer, joven y pedagoga pero sobretodo que seas una una gran profesional.
    Desde el minuto uno de tu llegada he percibido tu preocupación por el alumnado y tu implicacion con el Centro,no sólo de puertas para dentro sino tb para fuera. Como trabajadora municipal valoró un montón tu colaboración y disposición a trabajar con la comunidad, algo que pocas personas entienden y están dispuestas a hacer pq supone un esfuerzo extra.
    Así que públicamente GRACIAS por ser como eres y por todas lo que haces, que hay que ser ciego/a para no verlo, tb por todas esas horas extras que nadie te valora.
    Intentaré mo mandarte muchos mails está semana jijiji
    Sólo quiero que sepas que algunas personas en Nava, me atrevería a decir que muchas, Sí sabemos para lo que sirves. Un abrazo.

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    • 😅😅😅 Me emociona un montón leer este comentario. Muchas gracias por molestarte en comentar. Te aseguro que la suerte la tengo yo por contar con un equipo tan grande que me apoya desde fuera del centro. La suerte la tienen todos los navetos por formar parte de una gran Mancomunidad (envidia de muchas otras en Asturias), que se preocupa por sus niños y sus jóvenes y que además se implica tanto con los centros educativos. Si como orientadora puedo contribuir en algo en mi centro, es gracias al apoyo que me dais.
      PD. Ya siento comerlos todo el presupuesto. Pero es que me ofrecéis cosas demasiado chulas para decir que no. 😁

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  2. Bonita reflexiòn, todos los que luchamos por una Orientaciòn de ayuda, de calidad nos ha pasado por la cabeza todos esos pensamientos.
    Y ya tener que demostrar que nuestro trabajo es necesario o que no somos iguales que otros que no hicieron lo adecuado es duro.
    Felicidades por la reflexiòn, es un resumen de muchos Orientadores

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  3. Yo tambien soy de las que me siento muy identificada con tus comentarios, a pesar de llevar muchos años en esto y muchos en el mismo centro muchas veces tengo esa percepción, ánimo a todos/as que de vez en cuando viene alguien a decirnos cuanto le hemos ayudado..o que todavíaa se acuerdan de su paso por el IES…etc y eso compensa todo lo demás .

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