Orientación educativa y salud mental.

La salud mental del alumnado ocupa una parte importante del trabajo de un orientador/a en un centro educativo. A raíz de un debate surgido en Twitter , Montaña Navas y Eugenia Jiménez reflexionan sobre el papel que un orientador/a puede desempeñar a la hora de prevenir o intervenir en este tipo de diversidades. Además, en el próximo post, Juan José Millán seguirá reflexionando sobre la salud mental en las escuelas.

Montaña Navas.

“No resulta saludable estar bien adaptado en una sociedad profundamente enferma”

Jiddu Krishnamurti

La OMS define salud mental como “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.

En enero de este año Eurydice España-Redie planteaba la reflexión sobre lo que ellos exponían como un tema tabú: “la salud mental en la educación”. Es un hecho que en las escuelas hemos detectado en más de una vez problemas de salud “físicos” que en la mayoría de los casos sabríamos bien cómo resolver. Sin embargo, cuando se nos presenta la sensación de que alguno de nuestros niños, niñas, jóvenes… puede tener un problema relacionado con lo “mental” los profesionales sentimos algo así como miedo, incomodidad, sensación de no tener recursos para hacerlo frente.

En 2015 un proyecto europeo identificó que entre los 6 y los 11 años un 10% de los niños tenían problemas relacionados con la salud mental, pero también el profesorado en un 75% frente al 62% de la población normal.

Dentro de las escuelas, o por lo menos desde mi experiencia más directa expondría que en mi labor me he encontrado con problemas de conducta disruptiva, TOD, trastornos relacionados con la impulsividad, la atención y la hiperactividad, fobia al colegio, duelos difíciles, salud mental asociada a enfermedades como el cáncer… Pero me gustaría detenerme en lo que desde hace ya más de 7 años me encuentro cada vez más: niveles de estrés y ansiedad severos.

Mi labor, como la de muchos orientadores en las diferentes etapas desde infantil hasta bachillerato, ha sido formarme, informarme e intentar implicar a todo el que estuviera dispuesto. Los orientadores somos el mejor de los puentes entre familia y profesorado con el fin último de que los niños y jóvenes que están a nuestro cargo se formen de una manera integral, que lo recibido no sean sólo conocimientos, también que sepan manejar situaciones sociales, situaciones de malestar…

Después me centré en las familias. Tenía un tiempo dedicado a la formación con talleres para padres sobre normas, límites, adolescencia…. Empecé a cambiar todo eso y me centré en talleres para padres de gestión emocional, de psicología positiva, de mindfulness, de estrés … cuando atendía a padres cada vez me fijaba más en la salud “mental” de estos más que en la de sus hijos… ¿no puede ser que la salud mental de nuestros menores sea producto de unas decisiones, de una forma de vivir que hace empeorar su bienestar?

Educativamente hablando quizá hemos perdido la “orientación” de cuál es el último fin para el que trabajamos ¿Es nuestro fin medir más los conocimientos tecnológicos, matemáticos… y para ello estamos aumentando el nivel de estrés planteando pruebas que permiten valorar si se tiene éxito o no? ¿Orientamos al éxito? ¿qué significa tener éxito? ¿es no tener éxito en la escuela un sinónimo de fracaso? ¿es tener problemas no estar sano mentalmente? ¿no se plantea de forma indirecta que hay que ser resiliente, que hay que tener una autoestima buena y si no estás fallando? ¿no fomenta todo ello miedo a mostrarse débil, a esconder los problemas? (Aquí valoraría como profesionales mirar ciertos estudios que indican los problemas mentales que se están detectando cuando se educa desde la autoestima y cómo habría que cambiar el paradigma).

¿Es la escuela por tanto un medio para detectar problemas de salud físicos y mentales? Sin duda, pero también deberíamos reflexionar sobre si la escuela tal cual está concebida es un medio que crea problemas de salud mental, si es así, es claro que la salud mental es algo que debería tratarse y tenerse en cuenta dentro de lo educativo pues no hacerlo, seguir con el tabú, es negar lo evidente: en las escuelas se incide en la salud mental y al no reconocerlo se seguirá haciendo pero sin preparación y normalmente no de la mejor manera.

Al final volviendo a la definición de salud mental ¿quién no va a tener problemas en ser consciente de sus propias capacidades, de poder no afrontar las tensiones normales de la vida, de a veces no trabajar de forma productiva y fructífera y sentir que no se es capaz de hacer una contribución a su comunidad?  Por tanto, se podría enseñar qué hacer en esos casos y aprender recursos que nos ayuden cuando esos momentos lleguen.

Yo empecé siendo psicóloga en el campo de la educación con formación clínica para en un tiempo, seguir formándome en la psicología de la salud y actualmente en unos meses espero ya tener terminado mi máster de Psicología General Sanitaria. No encontré otra forma de entender y trabajar.

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Montaña Navas

www.psicologoinfantilenmadrid.es

 

 

Eugenia Jiménez Gallego.

¿Qué demandas relacionadas con la salud mental se afrontan en los centros educativos?

Las familias demandan sensibilidad ante sus necesidades y discreción ante el resto del alumnado. Aunque otras veces lo que exigen es que su diagnóstico (TGC, TDAH o ansiedad) justifique cualquier conducta y no se les exija responsabilidad a los/as chicos/as ni a su familia. Mientras que, en casos como la esquizofrenia, muchos padres ocultan la situación, temiendo el rechazo, y el profesorado puede intentar delegarlos totalmente, sintiéndose impotente.

¿Cuál es el papel de las orientadoras/os ante estas demandas?

Nos toca evaluar sus necesidades educativas especiales cuando las hay y asesorar sobre medidas. Y realizar intervenciones de sensibilización con el alumnado que comparte aula con ellos/as, puesto que por desconocimiento surgen rechazos innecesarios.

También colaborar en que nuestro centro sea potenciador de la salud mental. Ayudamos en esta línea cuando trabajamos desde las tutorías o las materias de libre disposición la educación emocional, cuando reflexionamos con el equipo docente sobre cómo ayudar a que todos los/as chicos/as sientan que tienen su sitio …

Además, creo que nos atañe reflexionar sobre las consecuencias de derivar un caso a la USM. Desde un punto de vista sistémico, este diagnóstico puede etiquetar al paciente designado por un sistema familiar –o incluso escolar- trastornado, que se resiste a cambiar y cronificar el sufrimiento del alumno/a en lugar de aliviarlo. En realidad, muchos casos podrían atenderse mejor desde el departamento de orientación, de forma más normalizada, o colaborando con los equipos de tratamiento familiar de servicios sociales comunitarios. Pero para ello es imprescindible una ratio sensata alumnado-orientador.

Y considero que debemos realizar reuniones de coordinación entre los orientadores y los profesionales de Salud Mental de cada localidad, para establecer vías de comunicación fluidas en casos concretos o pedir todos a los padres que firmen sistemáticamente el consentimiento para la transmisión de información a terceros. Y para llegar a acuerdos sobre recursos de cada institución a utilizar en cada caso. Somos dos sistemas desbordados, en parte porque duplicamos las actuaciones con los mismos usuarios.

¿Qué formación relacionada con la salud mental requieren los profesionales de la orientación educativa?

Sobre todo, formación sistémica para entender y atender desde un punto de vista más amplio conductas trastornadas.

Eugenia Jiménez Gallego

Orientadora del IES Isla de León, San Fernando (Cádiz)

Blog eSistémica

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Un comentario en “Orientación educativa y salud mental.

  1. Leo a @malfxygirl en Twitter quejarse de “los orientadores de mierda que no hacen nada” ante los problemas de ansiedad de los alumnos para pedir a psicólogos que entiendan a los alumnos. Mis reflexiones al respecto.

    Hace años que los orientadores constatamos el aumento de problemas de salud mental, en general, y de ansiedad en particular, en los adolescentes en los institutos. Muchos factores influyen en este aumento, desde luego, no me atrevo a simplificar en absoluto.

    Desde hace años notamos que muchos alumnos tienen menos tolerancia a la frustración, menos capacidad de afrontar problemas, menos capacidad de orientarse hacia metas futuras. Tanto su educación, fuera y dentro del instituto, como la sociedad en la que estamos, influirán en ello.

    Notamos que falta comunicación interna en la familia, no es fácil gestionar la vida con adolescentes y menos en estos años de crisis donde muchas familias se han quedado sin trabajo o el que tienen es precario, o les han desahuciado de sus casas. Muchos sueños rotos.

    La crisis social y económica ha influido enormemente en que la salud mental de las familias haya caído, lo vemos en zonas trabajadoras. Presentes duros, proyectos rotos, mucha frustración. Eso lo viven en casa los adolescentes, naturalmente.

    Además, vivimos en la época de la gratificación inmediata. Queremos todo y lo queremos ahora. El mundo de las redes sociales con sus likes y fama efímera es así. Y en ese mundo nuestros adolescentes pasan muchas horas. Fama rápida con mínimo esfuerzo. Y estos adolescentes llegan al sistema educativo. Un sistema obsoleto y rígido, con pocas opciones para dar respuesta a sus intereses diversos.Aquí encuentran muchas dificultades de adaptación.Muchos no entienden el esfuerzo de estudiar, otros no lo hacen, otros sí,naturalmente.

    Así que tenemos a adolescentes con problemas fruto de múltiples factores y el foco se pone en la respuesta rápida, como la propia sociedad. Pongamos un psicólogo en cada instituto y así atenderemos sus problemas. No lo veo así, desde luego. Me explico. Llevo unos años defendiendo la “presencia de psicólogos” en los departamentos de orientación. Precisamente por el aumento de intervenciones relacionadas con la salud mental con los adolescentes.Creo que en el instituto se puede trabajar muy bien desde la prevención e intervención. Y también creo que los orientadores deberíamos ser todos psicólogos educativos, con capacidad de intervención en algunos problemas de salud mental, y de primer diagnóstico. Luego habría que derivar al psicólogo para una terapia en casos indicados. ¿En el centro, fuera? Tengo experiencias de ambos tipos. Dentro hay menos distorsión para los alumnos, salen de una clase y están en su entorno. Hay comunicación con los docentes y orientador después. Pero los alumnos pueden quedar señalados por este hecho. Mi experiencia ha sido positiva siempre.

    La intervención fuera es habitual. Hay coordinación entre orientadores y centros de salud mental, con muchas dificultades por parte de los servicios públicos de salud mental y ninguna por los privados. Reflexionar toca.

    Y, finalmente, queda replantear la formación del orientador. Debe estar capacitado para intervención sobre problemas personales, crisis de ansiedad, etc. Porque es el día a día de los centros. Nosotros en mi centro lo hacemos constantemente, mi compañera y yo mismo.

    Y estas intervenciones son muy bien valoradas por los alumnos. Así que no es tanto quién hace esa intervención, formación mediante, como que se haga o no. La inmediatez es importante y esa queja es totalmente comprensible por parte de los alumnos.

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