La neurorientación es posible.

Os presentamos un innovador artículo sobre las relaciones potenciales entre Neurociencia y Orientación. ¿Es posible abordar puentes entre estos dos ámbitos? Nuestro compañero Miguel Ángel Valverde Gea comparte con nosotros sus reflexiones y abre las puertas a un nuevo enfoque de la Orientación Educativa.

En los últimos años los avances en los estudios del cerebro se han extendido a los diferentes ámbitos no solo de la ciencia sino de los estudios humanísticos y sociales. Esto ha dado lugar a lo que se ha denominado como “neurocultura”. El avance en los estudios del cerebro ha hecho que estos ocupen un lugar central a la hora de remodelar la concepción que se ha tenido en diferentes ramas del saber. El cerebro no es un órgano más, es un órgano complejo que dirige y controla las funciones vitales más importantes del ser humano. Actualmente el mayor y mejor conocimiento del cerebro no solo afecta al ámbito de la neurociencia y las disciplinas con ella relacionadas (neurobiología, neurofisiología, neurología, neuropsicología, etc.) sino también se ha extendido a otras ramas de conocimiento humanístico y social. Así encontramos estudios y aplicaciones que tratan sobre neuroeconomía, neurofilosofía, neuroeducación, neurococina, etc.

Si preguntamos al buscador más utilizado sobre algunos de estos conceptos nos aporta una información que nos puede indicar la importancia que tienen cada uno de ellos a la hora de producir información, actualidad y resultados. Por ejemplo:

  • Neurociencia: 2.650.000 resultados.
  • Neuropsicología: 1.620.000 resultados.
  • Neurofisiología: 750.000 resultados.
  • Neurobiología: 451.000 resultados.
  • Neuroeducación: 173.000 resultados.
  • Neuroeconomía: 55.100 resultados.
  • Neuropsicopedagogía: 49.600 resultados.
  • Neurocultura: 33.000 resultados.
  • Neuropedagogía: 26.900 resultados.
  • Neurofilosofía: 12.400 resultados.

Si escribimos “Neuroorientación” obtenemos 45 resultados. Casi todos asociados a una empresa de servicios de salud y educación en el campo de la neuropsicología. Es decir, cero referencias de artículos divulgativos o científicos, investigaciones, experiencias, etc. Por consiguiente podríamos deducir que la neuroorientación como tal no existe. Aunque podríamos establecer que los orientadores y orientadoras interesados en este campo nos alimentamos de conocimientos provenientes de la neurociencia, la neuropsicología y la neuroeducación, principalmente. No obstante sería interesante integrar dichos conocimientos, y especialmente su aplicación, al servicio de la orientación educativa.

Cabría preguntarse entonces, ¿cómo afectan los nuevos descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro al ámbito profesional de la orientación educativa?

Desde mi punto de vista, la orientación educativa debe aprovechar los conocimientos sobre el funcionamiento del cerebro que se están desarrollando en diferentes disciplinas relacionadas (psicología, educación, medicina, sociología…) para mejorar y potenciar los diferentes ámbitos de la orientación: la acción tutorial, las dificultades de aprendizaje y los trastornos psicológicos más frecuentes en el ámbito educativo, el proceso de enseñanza-aprendizaje o la toma de decisiones académicas y vocacionales.

En el ámbito de la acción tutorial los “neuroconocimientos” ayudarían a mejorar los procesos de aprendizaje mediante el desarrollo de las habilidades ejecutivas de los estudiantes (inhibición, atención, memoria, gestión emocional, planificación y organización, flexibilidad, metacognición…). Proporcionaría una visión optimista y positiva del aprendizaje y de su evolución a lo largo de la infancia y de la adolescencia (neuroplasticidad, “ventanas de oportunidad”, cambio de paradigma respecto a la adolescencia)[1]. Se están realizando investigaciones y experiencias sobre estos aspectos de gran interés para nuestro trabajo que están reseñadas en algunos de los recientes libros de José Antonio Marina sobre la inteligencia y la adolescencia. Me parecen especialmente interesantes los trabajos del neuropediatra Mel Levine (“Mentes diferentes, aprendizajes diferentes[2]. Un modelo educativo para desarrollar el potencial individual de cada niño”) y de la profesora Carol Dweck (autora del programa Brainology/Cerebrología que enseña a los estudiantes a tener una “mentalidad de crecimiento”, a desarrollar su cerebro mediante habilidades y estrategias para la mejora de sus resultados escolares).

En el ámbito de la mejora del proceso de enseñanza-aprendizaje, ayudaría a encontrar nuevas y mejores competencias, conocimientos y herramientas para le enseñanza. La neurociencia pone de relieve la importancia que tiene la emoción para el aprendizaje, el llamado “ingrediente secreto”. Francisco Mora señala que “solo se puede aprender aquello que se ama”. La emoción es la llave de la motivación que abre la mente de los estudiantes a la curiosidad, al conocimiento, a la cooperación y al esfuerzo. Si la emoción es el ingrediente secreto, la atención y la memoria son la base del aprendizaje. Citando otra vez a F. Mora “las emociones, en definitiva, son la base más importante sobre la que se sustentan todos los procesos de aprendizaje y memoria”.[3] La neurociencia puede ayudar al profesorado a encontrar herramientas y estrategias de mayor calidad para mejorar su enseñanza. El profesorado ha de tener en cuenta estos conocimientos para crear propuestas y modelos didácticos que generen unas experiencias de enseñanza y aprendizaje de mayor calidad. Estos conocimientos son valiosos para la tarea que los orientadores y orientadoras tenemos de asesoramiento al profesorado con el objetivo de mejorar la calidad de su enseñanza.

En el ámbito de la orientación académica y vocacional ayudaría a conocer los procesos cerebrales que intervienen en la toma de decisiones y la manera de mejorar la forma en la que decidimos. Destacar la importancia que para la neurociencia tienen las emociones y el inconsciente a la hora de decidir (“todo acto motor voluntario es involuntariamente iniciado o todo acto consciente es inconscientemente elaborado por nuestro cerebro”[4]). El 90% de las decisiones son inconscientes, aunque no necesariamente irracionales. Este es un campo de conocimiento nuevo y de gran interés para nuestro trabajo a la hora de asesorar al alumnado en su proceso de toma de decisiones.

En el ámbito de la prevención y atención a las dificultades de aprendizaje, la neurociencia puede ayudar a conocer mejor y a encontrar estrategias para prevenir e intervenir sobre las dificultades de aprendizaje, el déficit de atención, la hiperactividad, los problemas de conducta, el autismo, los problemas emocionales, etc. Se están produciendo avances importantes en la detección de problemas cerebrales y trastornos psicológicos que afectan al aprendizaje. A esto ayuda el conocimiento de los procesos neurológicos y cognitivos relacionados con las diferentes dificultades y de los distintos ritmos de maduración de los sistemas mentales. En este aspecto, resulta de nuevo de interés la experiencia de Mel Levine y su ayuda a estudiantes con problemas y bajo rendimiento escolar. Levine pone en marcha un proceso de conocimiento de las funciones neuroevolutivas de estudiantes con dificultades de aprendizaje, detectando puntos fuertes y débiles e interviniendo sobre el niño o niña y el medio escolar para la mejora de sus capacidades y resultados. Su experiencia sería de gran interés para el trabajo que desarrollamos en los centros.

Por último, los orientadores y orientadoras podrían ser esa persona de referencia, formados en neurociencia, que ayudarían al profesorado a detectar dificultades de aprendizaje, a mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje, a decidir mejor y a estar atentos al desarrollo académico y personal de los estudiantes[5]. Los orientadores y orientadoras, formados en neurociencia, podrían realizar en los centros el papel de referente, consultor y asesor que F. Mora plantea en sus escritos.

De esta forma la neuroorientación se interesaría por ese conjunto de conocimientos más arriba mencionados con la finalidad de aplicarlos directamente al ámbito de la orientación educativa. Sería importante que desde la formación inicial se asumiera la importancia de estos conocimientos y se incluyeran de forma sustantiva en los planes de estudio de las facultades de Pedagogía y de Psicología. Al mismo tiempo, los centros de profesorado, desde la formación permanente, tendrían que ofrecer cursos y apoyar grupos de trabajo sobre estos temas. Por lo tanto, la neuroorientación es posible, de nosotros y nosotras orientadores y orientadoras depende.

[1] MARINA, J.A.(2012 y 2014). La inteligencia ejecutiva y El talento de los adolescentes.  Barcelona: Editorial Ariel.

[2] BERNABEU, R. Resumen del libro de LEVINE, M. (2003). Mentes diferentes, aprendizajes diferentes. Barcelona: Editorial Paidós. Movilizacióneducativa.net http://www.movilizacioneducativa.net/resumen-libro.asp?idLibro=218

[3] MORA, F. (2013). Neuroeducación. Madrid: Alianza Editorial.

[4] Intervención de Ranulfo Romo en el programa de PUNSET, E. (2012). Así decide el cerebro. REDES nº 438. Rtve. https://www.youtube.com/watch?v=Obq6aZXxBhs

[5] MORA, F. (2013). Neuroeducadores: Formando nuevos profesionales. In: F. Mora, ed., Neuroeducación, 4th ed. Madrid: Alianza Editorial, pp.185-190.

 

foto-miguel-angel

Miguel Ángel Valverde Gea.

Orientador del IES Mar de Poniente de La Línea (Cádiz).  

Administrador del Blog “Entre pasillos y aulas”.

 

 

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