TDAH: ¿Desnudamos, vestimos? Más argumentos para entenderlo.

Recientemente, publicamos en Colectivo Orienta dos entradas de José T. Boyano: Desnudando el TDAH (I)  y Desnudando el TDAH (II). La entrada de hoy nos trae mas respuestas para entender el TDAH, revestirlo por Javier Estévez, reflexionar desde un enfoque sistémico con Raúl R. López Reyes, cuestionarse la solución que nos venden por Iban Onandia o la propuesta didáctica para explicar el TDAH en el aula, de Marta Torreiro, todo ello animado con las viñetas del Orientador Héctor Palazón.

“Revistiendo” el TDAH, por Javier Estévez.

La hiperactividad no es exactamente un problema energético, sino de activación. Surge del intento del individuo de poder atender. La medicación no es una “jaula” donde metemos a los chicos, sino una correa para poder controlar a su pequeña y primitiva “bestia”. La medicación no hace que uno haga lo que los demás quieran, hace que uno haga lo que ha decidido que iba a hacer, pero que no puede hacer por falta de fuerza de voluntad, función ejecutiva o al no tener suficientes habilidades de domesticación para nuestra pequeña y primitiva bestia interior.

El diagnóstico no culpabiliza al individuo; precisamente, el mayor objetivo de los diagnósticos consiste en la desculpabilización. El diagnóstico es un “escudo” que te defiende. Lo que de verdad daña la autoestima es no saber por qué haces lo que haces y que todo el mundo te rechace por ello. Lo que daña la autoestima es que alguien identifique lo que eres como algo peyorativo. Las etiquetas no dañan la autoestima persé, lo hacen cuando alguien las acompaña de una emoción como el rechazo.

Las entidades clínicas no son cajones estancos, en las que uno entra y ya. De hecho, las personas suelen estar en muchas cajas a la vez. Podemos ser pelirrojos, altos y feos al mismo tiempo, al igual que podemos tener TDAH, Trastorno Negativista Desafiante y Trastorno del Lenguaje de manera simultánea. Las «etiquetas», como las llamas, no es otra cosa que adjetivos que resumen una definición, como «pelirrojo». Pero ¿ser pelirrojo es normal? No; de hecho, es bastante más raro que ser TDAH. Entonces, ¿es patológico ser pelirrojo? Obviamente no; es solo una forma de nacer que, en este caso, no interfiere en tu adaptación al medio en el que vives, al menos en Europa, pero que en otras partes del mundo, podría ser trastornarte, como lo es ser albino en África.

Pensar que la categoría TDAH, es una categoría NO amigable, es una premisa errónea y estigmatizante. Además, es una premisa perversa; postular las dificultades de las personas como algo superable solo con esfuerzo, corroborarlo diciendo que dichas dificultades no son merecedoras de ser reconocidas, ya que, si lo son, «se cronificarán», es decir, si no te esfuerzas, se cronificará. Ninguneamos el problema de alguien. En el caso del TDAH es la dificultad para autocontrolarse, es decir, de hacer aquello que decides hacer. Claro, al final, lo que tenemos es tan solo un problema de aceptación de la realidad del individuo.

El TDAH no es un problema escolar, es un problema general que afecta a todo, incluido el conducir. Fingir que no es un problema, no reducirá la tasa de muertos en carretera, hará que tu pareja entienda, por qué dejas día sí día no, la puerta de casa abierta, los cajones sin cerrar y te olvidas las llaves en la oficina de manera habitual. El problema del TDAH no es el colegio, esa es solo, la tortura previa. El verdadero problema viene en la emancipación. Cuanto tienes que hacer la ITV, acordarte de pagar la luz, poner lavadoras y mirar el buzón.

En el relato de José T. Boyano, el autor está minimizando el problema terriblemente. No sé si por buenismo o por autodefensa de la propia integridad; pero son muchos los que sufren al no poder autocontrolarse. Lo cierto es que literariamente está muy bien escrito, pero su fondo es aterrador, ya que al no verse comprendida la magnitud del problema, un lector confiado podría creérselo y pensar entonces que la culpa es suya, porque a él le va fatal, si se trata solo de «un problema relacional».

Javier Estévez

Javier Estévez

Psicólogo y Psicopedagogo en Unidad Focus

Una respuesta más completa en el siguiente enlace:

http://unidadfocus.com/el-equipo-especializado-en-tdah/

 

La “drapetomanía” en la sociedad actual y el peligro que representan las imágenes desde la moderna cueva de Platón, por Raúl R. López Reyes.

Vemos ahora todos con incredulidad la existencia diagnóstica médica de “la drapetomanía”; que viene del griego drapetes (fugitivo) y manía (manía o locura), supuesta enfermedad de algunos esclavos que se empeñaban tercamente en escaparse para ser libres y la “dysaesthesia aethiopica” (poco ánimo por trabajar en aquellos esclavos procedentes de Etiopía a quienes se les atribuía ser seres embrutecidos con poco nivel intelectual); diagnósticos nada baladíes en su época, hacia el año 1840, ya que podían costarte la vida.

Pero no son cosas de otras épocas, en 1968 en el referente (pseudicientífico) para la ciencia psiquiátrica y la psicología clínica, el DSM II (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), aparecía la homosexualidad como enfermedad; diagnóstico que implicaba su segregación y exclusión (incluso de la vida hoy en día en algunos países). Aun así, la sociedad actual insiste en que es imprescindible mantener prácticas diagnósticas que implican sostener sistemas de funcionamiento segregadores (supuestamente por el bien de los segregados), contrarios a los Derechos Humanos, por la única razón de que así es como se ha venido haciendo (tradición, es el modelo social del patriarcado con su modelo médico de la discapacidad).

Y es así como se sigue buscando obsesivamente (para no ver lo que no se quiere ver): el diagnostico en un/a niño/a que no atiende, ante una clase aburrida y por ello más larga de lo que dura; o diagnosticar al que se mueve de una dura silla que dura 5 horas y que aún perdura; o diagnosticar al que desobedece donde en vez del supuesto “abecedario” se le enseña el “obedece-diario”; o diagnosticar a quien cambia la dirección de las letras y números,
cuando aún no le cabe la izquierda ni la derecha en su melanina, por no tener número su edad para las letras; o diagnosticar a quien tiene otras supuestas Dificultades de Aprendizaje (DIAs), cuando en realidad son Dificultades de Enseñanza (DIEs); diagnosticar a quien no entiende y se le desatiende; o diagnosticar al loco que enloquece al sistema que lo enloquece; o diagnosticar lo que sea de quien sea, con tal de que no sea diagnosticar lo que no deja que uno, sea lo que uno es.

Los espacios que no dejan espacios. Los tiempos sin tiempo. Las relaciones sin cuerpo, sin contacto ni emoción. Los no-ritmos sin corazón. Las palabras sin escucha, sin silencios; pero sí, inmersos en sistemas tan enfermos claro, que hay enfermos; pero no cabe duda que, como decía Karl Kraus: “Una enfermedad muy difundida, es el diagnóstico”.

Comenta el filósofo y crítico de arte, Danto A.: “siempre me ha transmitido una cierta inspiración filosófica el trabajo de Jasper Johns, especialmente por la explicación que hace de una clase de imágenes, que se convierten, de manera inmediata, en lo que representan y que, consiguientemente, conllevan el borrado de la línea encargada de separar la realidad y su representación. Una imagen de un número, por ejemplo, es un número, como una imagen de un mapa, es un mapa. No se puede representar debidamente la realidad sin reproducirla”.

El peligro está en obcecamos en querer representar lo que la persona es, a través de lo que no es, confundiendo, y lo que es peor, creando la línea mental y social que la separará, partiéndole su unidad y separándola de nuestra realidad. Así, una nota, una calificación, no es un niño, ni siquiera una mínima parte de un niño, ni le califica (aunque con ella le califiquen y clasifiquen); no es un valor, es sólo un número (seguro de sí mismo, el número, sólo cuando está ordenado con sus nueve otros compañeros en su base diez).

mapa-territorioImagen de Mª José G. Corell, 2019

Un resultado de un test psicométrico es sólo eso, un resultado de un test psicométrico que pretenciosa y endogámicamente cree atestiguar lo que cree testear; no es un punto o puerto de partida real o peor, un anclaje que ancla, es sólo un número (que se sentiría sólo y asustado, si no le mantuvieran dentro del cobijo de la moderna cueva de Platón donde vive; su Campana de Gauss).

Y un informe es sólo eso, un informe (“uni(n)forme”), que normal-mente es todo, para los y las de ideas uni-normales; sin embargo finalmente es sólo la descripción de los números de un instante, puntuaciones de test vinculados al observador que se sabe que siempre modifica lo observado, en los que se basa, realmente, nada.

Mª José G. Corell, Orientadora, nos alerta de no caer en la falacia de la imagen descrita, diciendo “Al igual que el mapa no es el territorio, un informe no es un niño o niña”, porque ya Carlos Calvo Muñoz, parafraseando a Borges, en “la educación prohibida” nos anticipa el trágico desenlace: “el mapa termina desplazando al territorio”.

El peligro está en creer que captamos (capturamos) con una imagen (de dos dimensiones) la realidad de una persona, que es mucho más que cualquiera de sus múltiples y además cambiantes imágenes (de no sé cuántas dimensiones, pero entre ellas, la dimensión la social).

Raul R. Lopez Reyes

Raúl R. López Reyes

Psicólogo. Psicoterapeuta gestáltico en Huelva.

Facebook “Orientación educativa sistémica”.

 

 

Vago TDAH(2)

La “solución” al TDAH, por Iban Onandia.

Lucía sufrió abusos sexuales de su padre desde que tenía 4 meses de vida. Hoy en día es una chica adolescente que rara vez, se puede concentrar en algo más que en aquello que llame poderosamente su atención; con excesivas dificultades para su capacidad intelectual y por ello, un rendimiento escolar bajo.

Elena fue diagnosticada de TEA cuando tenía 5 años. Su hipercinesia raramente le permitía relacionarse con otro/as niño/as, que rápidamente huían de ella, quedándose sola. Además, Elena siempre tuvo ese halo de dispersión, de estar en un mundo paralelo de fantasía, ese recurso socorrido que tienen los niños para apartarse mentalmente de aquello, que les duele reconocer y asimilar.

Laia, con 8 años, parece estar en la nube. Cuando se le mete algo entre ceja y ceja, puede estar días y hasta semanas pensando en ello, por insignificante que le parezca al resto. Y claro, concentrarse en las mates es lo de menos. Ahora le pasa con el divorcio de sus padres, por lo cual ha pasado a ser una niña hipoactivada, por la apatía y la falta de ganas que parece mostrar.

Y es que, los síntomas de TDAH “están en el aire”, por doquier. Sólo hace falta que alguien no tenga tiempo, formación o ganas de ir al núcleo para confundir síntoma con trastorno completo (o cuadro clínico-patológico). Y lo peor es que algunos de estos trastornos confusores, generan cambios neuroanatómicos y cognitivos (ese gran olvidado en los trastornos del neurodesarrollo, pero que se ha demostrado el más importante e imprescindible ingrediente), que simulan el TDAH. Quizás lo peor de todo esto es que “la solución” que nos venden para el TDAH, sea una simple pastilla que lo parece curarlo todo. Así, se entiende el por qué de esa tendencia a diagnosticar TDAH: todos tus problemas se solucionan en 2 segundos, 50 mg (120 veces más pequeño que un azucarillo, con lo que nos soluciona un poco de azúcar) y 50 mm3.

Iban Onandia

Iban Onandia

Doctor en Neuropsicología clínica

https://twitter.com/nabi_onandia

https://www.psicologiaamorebieta.es/

Adaptaciones TDAH(3)

 

«Cómo explicar el TDAH en el aula», por Marta Torreiro.

Por último, Marta Torreiro, nos hace una propuesta para explicar el TDAH en el aula desde su blog: https://ytudequedasclase.wordpress.com/2019/09/30/como-explicar-el-tdah-en-el-aula/

Marta Torreiro

Marta Torreiro. Orientadora Educativa

Blog: https://ytudequedasclase.wordpress.com/

En Twitter: https://twitter.com/ytudeqdasclase

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2 comentarios en “TDAH: ¿Desnudamos, vestimos? Más argumentos para entenderlo.

  1. Buen artículo, es significativo el gran número de alumnos «diagnosticados» con TDAH en los colegios, no soy experta y desconozco si es tan fácil delimitar qué le pasa a un alumno, sólo decir que soy docente y he trabajado con niños TDAH y aún lo hago y nunca me ha gustado que los mediquen porque los efectos secundarios son tremendos y al final tienen que dejar la medicación. No es fácil trabajar con estos alumnos, con unos más que con otros, pero hay que tener mucha mucha paciencia y adaptarse a sus intereses siempre que se pueda. Actualmente mi meta es que venga contento al colegio y punto, trabaja cuando puede y con mi ayuda para centrarle la atención cuando lo demanda.

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  2. Pingback: ¿Cómo será la Orientación Educativa “en la nueva normalidad”? Recopilamos las entradas de Colectivo Orienta durante el curso 2019/20. | Colectivo Orienta

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