Dudas y reflexiones en el camino hacia la evaluación psicopedagógica inclusiva

En Colectivo Orienta estamos de vuelta. Estrenamos la quinta temporada con un tema que nunca dejará de generarnos dudas y reflexiones en nuestro quehacer diario, la evaluación psicopedagógica, cuyo enfoque está evolucionado de ser una práctica segregadora a considerarse un proceso sistematizado e inclusivo. Cristina Iglesias Álvarez desgrana en este artículo los detalles de esa evolución. 

Comparto con mis colegas la inminente necesidad de abordar el debate sobre las evaluaciones psicopedagógicas.

Nacho Calderón y Gerardo Echeita, explican como en el año 1996 se aprueba una ley que regula el paso de una evaluación basada en el modelo clínico a una evaluación interaccionista y participada. Sin embargo, sabemos que este cambio a nivel formal no ha sido acompañado por un cambio real. Los propios autores nos dan las claves: en primer lugar, la ley materializa un cambio incompleto porque aunque define una nueva forma de evaluación, sigue siendo un instrumento de clasificación y segregación. En segundo lugar, la publicación de una ley no es suficiente para cambiar prácticas y creencias generalizadas y arraigadas [1].

Me gustaría pararme en este aspecto y hacer un breve análisis de algunas de estas creencias y prácticas que arrastramos y reproducimos.

Una de las prácticas más arraigadas y que contradice de forma clara cómo debería ser la EPSP en un modelo inclusivo es el uso excesivo de tests psicométricos estandarizados. Desde una visión subjetiva y personal, observo que la tónica mayoritaria, sigue siendo realizar una evaluación psicopedagógica basada en una batería de pruebas. La mayoría de informes que caen en mis manos detallan una retahíla de 4 o más pruebas, y en muchas ocasiones tampoco se desprende de ellas información especialmente útil para entender al alumnado u orientar la respuesta educativa. Más bien, rellenan el informe y cimientan el etiquetado.

En mi caso personal, he de reconocer que comencé reproduciendo esta práctica. En la actualidad procuro aplicar solamente una prueba y en ocasiones ni siquiera.

Este cambio en mi forma de intervenir lo realicé en parte gracias al modelo humanista-estratégico y su concepto de inteligencia basado en la teoría PASS. Esta teoría defiende que la inteligencia es cambiable y modificable y por lo tanto la finalidad de aplicar la prueba es terapéutica y no diagnóstica [2].

Otra práctica que arrastramos es realizar la EPSP en el despacho. Además, esta costumbre es también reforzada por el profesorado que suele esperar que saquemos al alumno o alumna del aula.

Es habitual que el profesorado piense que cuando hace una demanda de EPSP su papel termina ahí, y le pasa la pelota a orientación, que empieza a hacer su trabajo sin interferir. Luego resulta que las evaluaciones son ineficaces, y es que no puede ser de otra forma, a no ser que alguien tenga la capacidad de cambiar el entorno físico y social de una persona hablando con ella en un despacho.

Respecto a esto recuerdo una frase que escuché a una ponente cuando trabajaba en Bienestar social y me formaba en el enfoque comunitario: “Cierra la puerta de tu despacho y quédate fuera”. Cada día procuro cumplir esta frase y estar más presente en las aulas y patios.

En Asturias desde hace un par de cursos tenemos unas instrucciones que respaldan esta forma de intervenir, ya que, especifica que se debe tomar el aula ordinaria como principal espacio de referencia. Sin embargo, en mi experiencia sigo escuchando bastante a menudo frases del estilo “A mí no me gusta que entren en mi clase”, “¿Todavía te vas a quedar más tiempo?” o “la orientadora de antes no venía tanto a las clases”.

También tenemos la extraña costumbre de actuar como si la evaluación fuese un fin en sí misma. Este es un gran problema y nuevamente creo que es fomentado por ambas partes: profesorado y orientación. El profesorado actúa como si la evaluación fuese la solución a un problema que tienen en el aula. La idea subyacente sería algo así: yo doy mi clase, hay un alumno que no consigue los aprendizajes mínimos y/o molesta en clase, lo voy a derivar a orientación para que haga su trabajo y poder continuar dando mi clase igual, pero que este alumno aprenda y mejore su comportamiento.

Por otra parte, en orientación, quizás debido al exceso de trabajo, a la agobiante acumulación de demandas de EPSP o simplemente a la falta de planificación, muchas veces actuamos como si el fin último fuese hacer el informe de EPSP. Lo redactamos, lo imprimimos, informamos al profesorado y familia, y… ¡a otra cosa! (generalmente, a otra EPSP).

Sin embargo, la EPSP es solamente el principio. La evaluación es una fase necesaria para después desarrollar una respuesta educativa adecuada. El fin es desarrollar esta respuesta educativa y la evaluación es un medio. Si sólo realizamos la evaluación se convierte en una práctica totalmente absurda.

Nadie lee los informes. Este es un gran problema y por todos y todas sabido. Nadie se lee los informes. Yo he hecho informes largo, cortos, cortos y con anexos, con imágenes,…. ¡da igual!. Nadie se lee los informes. Los he explicado (prácticamente leído), he dejado cosas sin explicar a propósito para que tuvieran que leerlo,… ¡da igual! siguen sin leer los informes.

Evidentemente, el primer pensamiento es que si no lo leen, es porque lo que contiene no les interesa o no les resulta útil. Duele reconocerlo, pero probablemente esto sea gran parte del problema.

Por otra parte, se genera otro gran problema y es que como nadie lee los informes empezamos a decir cosas como “para que voy a molestarme en hacerlo bien, si nadie lo lee” o “yo prefiero intervenir que estar haciendo papeles que nadie lee”.

Coincido con Calderón y Echeita en que el informe psicopedagógico debería ser un importante instrumento de trabajo conjunto entre las partes, donde hacer explícitas las propuestas de ajuste educativo y los apoyos (escolares, familiares, u otros) necesarios para tratar de llevar a la práctica el mandato de una respuesta educativa inclusiva [3].

Además, nuestra práctica profesional debe ser una actuación planificada y evaluada, y los informes forman parte de la sistematización de esta práctica. Desde mi punto de vista absolutamente imprescindibles. En palabra de Tomás R Villasante “una actuación sin planificación y evaluación es una práctica carente de sentido”.[4]

Otro de los grandes enigmas del sistema educativo es el enorme problema que tenemos con los Planes de Trabajo Individuales.  Hay un avance global hacia la planificación centrada en la persona. Es lógico, después del boom de los planes – programas – proyectos, a alguien se le ocurrió pensar en las personas. Es cierto que cada sistema, y dentro de los sistemas, hay velocidades muy dispares, pero… en el Salario Social básico desarrollan los Planes personalizados de incorporación social, en la atención a la dependencia; desarrollan los planes de atención individuales, en los centros de protección de menores; desarrollan el programa educativo individual en el de responsabilidad penal el plan individual para el desarrollo de las medidas, etc.

Mientras, en educación tenemos un atragantamiento agudo a la hora de hacer un plan de trabajo individual.  Es como si tuviésemos un serio problema de digestión al juntar estas tres palabras. Es sencillo, se pone al alumno o alumna en el centro y a partir de ahí, empezamos a construir. Como hay varias personas actuando en el mismo contexto, el documento es colectivo y así garantizamos la coordinación.

Por último, pero no por ello menos importante, ni menos frecuente, aunque resulte chocante, la EPSP no puede consistir en una descripción o enumeración de dificultades y discapacidades. Aunque parezca obvio, es una práctica muy arraigada y difícil de modificar. Algunos informes son demoledores para la persona y para sus familias. Difícilmente vamos a contribuir a mejorar cuando nuestro propio trabajo se materializa en un documento cruel y tóxico.

La existencia de esta práctica, la dificultad de cambiarla y su consecuencia directa, que es convertirnos en un instrumento para justificar la exclusión; son aspectos ampliamente tratados.

Por este motivo, en lugar de ahondar en esta idea, considero que debemos dar una vuelta de tuerca y empezar a plantear las dificultades concretas que nos encontramos para hacer efectivo este cambio de paradigma. Creo que debemos hablar de:

  • Presiones que recibimos (para hacer dictámenes, para poner apoyos, justificar un centro específico,…).
  • Muros burocráticos (utilizar tipologías establecidas, adaptaciones curriculares,…).
  • Falta de formación en técnicas cualitativas y participativas.
  • Falta de formación y experiencia para realizar EPSP en entornos ordinarios.
  • Falta de espacios para realizar ese trabajo colaborativo
  • Dificultades para plasmar este trabajo en PGA, memoria, informes, etc.
  • Dilemas morales que nos encontramos en nuestra labor profesional (por ejemplo, cuando hay discrepancias con la familia o cuando sabemos que un centro no está funcionando de forma inclusiva).

Antes de finalizar esta aportación al debate sobre las EPSP me gustaría comentar brevemente que considero que las evaluaciones deben ser cuestionadas, repensadas y realizadas desde un cambio de paradigma, que es un camino largo y difícil, pero necesario, y que en ningún caso este problema se puede solucionar de una forma simplista. Si bien es cierto que al explicitar todo lo que suponen, estamos cogiendo cierta aversión a esta tarea, no es menos cierto que reducirlas a la mínima expresión o simplemente evitarlas, no suponen una solución a tan complejo problema. No creo que se trate de evitar las EPSP sino de aprender a hacerlas bien y extender las buenas prácticas.

 

[1] Echeita, G. y Calderón, I. 2014: “Obstáculos a la inclusión: cuestionando concepciones y prácticas de evaluación psicopedagógica”.

[2] Timoneda, C. 2015 “Orientando la orientación”.

[3] Echeita, G. y Calderón, I. 2014: “Obstáculos a la inclusión: cuestionando concepciones y prácticas de evaluación psicopedagógica”.

[4] Villasante, T.R. 2006: “Desbordes creativos. Estilos y estrategias para la transformación social”. Los libros de la catarata. Madrid.

 

Cristina_Iglesias_-_Foto_Perfil

Cristina Iglesias Álvarez

Orientadora educativa en Asturias

Perfil: https://www.linkedin.com/in/cristina-iglesias-574548111

Blog: http://ideandamos.blogspot.com/ (Formo parte de la Asociación Ideando)

Anuncio publicitario

7 comentarios en “Dudas y reflexiones en el camino hacia la evaluación psicopedagógica inclusiva

  1. Un camino que no siempre es fácil. Dudas y reflexiones sobre la evaluación sociopsicopedagógica desde una perspectiva inclusiva y las barreras (a veces internas, a veces externas) que nos encontramos.

    Le gusta a 1 persona

  2. Me he sentido tan identificada en esta reflexión que ha hecho la compañera. Si contabilizo el número de informes que he hecho llenaría bastantes armarios y llevo tiempo preguntándome para qué, he comprobado que hay profesorado que no lo lee (yo también he tratado de hacerlos más detallados, prácticos,… etc) y cada vez estoy más insatisfecha, sé que hay un porcentaje de profesorado que busca en mí la justificación de aquello que no funciona en determinado alumnado. Me he sentido atrapada en este sistema educativo que solo ve tanto alumnado de necesidades educativas tantos recursos,.. Opino que para poder llevar acabo una mayor inclusión hay que plantearse una evaluación más inclusiva pero para eso tiene que haber un cambio a nivel legislativo.

    Me gusta

  3. La evaluación Psicopedagógica es un tema con mucho debate. Yo también estoy a favor de evaluaciones más modernas, más compartidas , abiertas y colaboradoras.

    Me gusta

  4. Es cierto que es un debate complicado y constante. Nos toca hacer esta tarea y a quién más y a quién menos, nos provoca quebraderos de cabeza. En el texto recojo dificultades que me he ido encontrando y algunas soluciones que he intentado aplicar, algunas con más éxito que otras.
    Considero que es imprescindible la autocrítica pero también, considero que hay que andar un camino, como en cualquier cambio, y me gustaría hacer ese camino de forma colectiva y no en solitario.
    Intento centrar las evaluaciones en las barreras y obstáculos y no en el alumno o alumna, pero sinceramente, me cuesta, a veces, no sé cómo hacerlo o no sé si lo estoy haciendo bien. Me faltan modelos, referentes, etc.
    Intento utilizar técnicas más participativas y colaborativas, pero… ¿lo estoy haciendo bien? ¿estoy siendo eficaz? ¿Cómo puedo autoevaluarme?
    Supongo que no soy la única que me he hecho y me hago estas preguntas. Independientemente de que cambios legislativos y estructurales nos facilitarían las cosas, creo que hay muchas cosas que podemos hacer de forma individual y colectiva.

    Me gusta

  5. ¡Cuánta razón Cristina, compañera! Cuesta mucho el cambio, la orientación del siglo XXI debe ir más allá de la evaluación psicopedagógica. Es cierto que hay muchas barreras pero también tenemos que hacer autocrítica y caminar hacia prácticas más preventivas, tenemos que visibilizar otras actuaciones mucho más ordinarias. Es cierto que la Administración no nos acompaña, que la burocracia nos come… pero también es cierto que somos muchas y muchos que pensamos que otra orientación es posible. Nadie cambiará por nosotras, conseguiremos un nuevo enfoque desde la colectividad, redefiniendo nuestros roles, o al menos lo interaremos…

    Me gusta

  6. Pingback: ¿Cómo será la Orientación Educativa “en la nueva normalidad”? Recopilamos las entradas de Colectivo Orienta durante el curso 2019/20. | Colectivo Orienta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s