¿Qué subyace a la expresión “Mírame a este niño”?

Continuamos compartiendo análisis y reflexiones sobre las demandas de evaluación psicopedagógica que se plantean en los centros. En esta ocasión la orientador María José Gómez Corell plantea que detrás de la expresión “Mírame a este niño” subyace un modelo educativo concreto donde el alumno/a es el único portador de dificultades y por tanto único responsable de su falta de aprendizaje. Por ello propone cambiar ese enfoque y evolucionar hacia un modelo social y colaborativo, donde la respuesta del orientador/a ante estas demandas es clave para el cambio. Una vez más, Hector Palazón aporta también reflexiones a través de sus viñetas. 

Collage

Fotografía de M. José G. Corell

Toda persona que haya ejercido su rol dentro de la orientación educativa ha escuchado en más de una ocasión el consabido “mírame a este niño o niña”.

Podemos desgranar las concepciones que subyacen en esta demanda:

Por un lado, trasluce una creencia errónea y reduccionista o al menos algún desconocimiento de cuál es nuestro rol como orientadores en los centros educativos (como en la conocida anécdota de los “pakistanís”, “pa’ qué están ahí”).

También refleja una concepción de la enseñanza, del aprendizaje y sobre todo de la falta de él y de quién es la responsabilidad si no lo hay.

Incluso de qué considera un problema y qué hay que hacer para solucionarlo. Parafraseando a Santos Guerra podemos decir: “dime qué demanda haces y te diré qué docente eres.” Con esta demanda se busca una solución mágica, como diría Mara Selvini[1], que venga desde fuera de mí, porque ¿no es mi función buscarla?.

Moldes

Fotografía de M. José G. Corell

Pero me quiero centrar en que a este tipo de demanda subyace también el modelo, el paradigma de la educación de quien la realiza. Es decir, es reflejo del modelo de integración, el modelo de necesidades educativas especiales. Desde esta concepción, el alumno es el único responsable de “lo que le pasa” y su atención deja de ser responsabilidad del docente del aula, serán las personas que se “encargan de la atención a la diversidad”, quienes deberán hacerse cargo del alumno/a, darle respuesta y además decirle qué debe hacer cuando esté en su aula.

Mírame_a_este_niño_I

Viñeta de Héctor Palazón, orientador

Ante este tipo de demanda, lo más fácil es evaluar al niño, etiquetarlo y hacer un informe psicopedagógico. ¿Para qué sirve esto? ¿Qué aportamos trabajando así? ¿Se soluciona la demanda real que subyace al “mírame a este niño”? ¿Contribuimos así a la mejora real, a transformar la escuela?.

Es necesario y ya urgente dar el salto a lo que hemos llamado “inclusión”, al modelo social, donde la responsabilidad no recaiga en lo individual, ni en el más débil.

Esta transformación no puede quedarse en mero maquillaje, que cambien unas palabras por otras políticamente más correctas, sino que debe ir acompañada de un cambio profundo en las concepciones, creencias y representaciones que nos hacemos del alumnado, y, fundamentalmente, en las prácticas entendidas en sentido amplio, e incluyendo las de la Orientación.

Reformular este tipo de demanda, conjuntamente con quien solicita nuestra intervención, reflexionar juntos sobre qué tipo de enseñanza realizamos, cómo personalizamos y diversificamos lo que ofrecemos, qué relaciones propiciamos en el aula, cómo evaluamos, y cómo nos implicamos en la búsqueda de soluciones, será imprescindible. Con el objetivo puesto en que nuestra intervención como orientadores debe contribuir a la mejora de estos procesos.

¿Es el alumno individualmente responsable de su falta de aprendizaje? Rotundamente, no. Son esas prácticas, junto al ideario (políticas, culturas) las que están generando las dificultades, es el entorno el que discapacita. Al decidir mis prácticas (metodología, actividades, materiales, evaluación…) decido, junto a ellas, quién tendrá dificultades, quién suspenderá, quién repetirá, quién sobrará en mi aula, y a quién habrá que segregar, contribuyendo así a la violencia institucional de la que habla Ignacio Calderón. Por lo tanto son estos elementos los que van a determinar, a generar las dificultades y la demanda que se nos realiza. Dice Raúl R. López Reyes:

“Según el espacio, los tiempos y las actividades que yo monte (yo o la edi(c)torial) en mi aula, estoy decidiendo (eligiendo), no sólo quién va a aprobar y quién va a suspender, sino también, de quién voy a hablar con preocupación a su familia y al o la orientadora del Centro. E inevitablemente quién cabe en mi aula y quién inevitablemente necesita (¿es él, ella, o soy yo quién lo necesita?), ser segregado… No por él o ella, sino por las situaciones de aprendizaje que le proponga. No es él o ella, es mi criterio”. “El manicomio no es un espacio, es un criterio…y el aula también “, Orientación Educativa Sistémica, enero 2018.

Debemos liberar al alumno de esa responsabilidad individual, para ello necesitamos desechar muchas ideas y esquemas preconcebidos que están instauradas en las mentes de los profesionales y que venimos arrastrando desde hace mucho tiempo. Hay que hacer notar que resulta altamente injusto que el hecho de que un alumno o alumna no aprenda, suspenda, repita, etc, que es una cuestión social, recaiga sobre una única persona, además, sobre el eslabón más débil.

Mírame_a_este_niño_III

Viñeta de Héctor Palazón, orientador

Stop

Fotografía de M. José G. Corell

 

Recientemente nos lo ha recordado el Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU en su contundente informe (mayo 2018), en el que, tras realizar una investigación al Sistema Educativo del Estado Español, insta a los OE españoles a dejar de evaluar al niño desde el modelo médico y pasar a realizar la evaluación psicopedagógica desde el modelo social.

 

“Si la discapacidad es un fenómeno social, ¿cómo puede ser que las evaluaciones educativas se conviertan en pruebas individuales que encierran el problema en el cuerpo de mi hijo o mi hija? ¿Cómo algo social y cultural se convierte en individual y biológico?. (…) las evaluaciones psicopedagógicas siguen siendo de tipo clínico, lo cual solo tiene sentido clasificatorio. Los dictámenes de escolarización, que se basan en estas prácticas, perpetúan la discriminación de todo el colectivo” Sin derechos humanos. Ignacio Calderón.

Las cifras de abandono y fracaso escolar, el porcentaje de alumnado que no titula, el número de repetidores pero también el malestar docente y el del propio alumnado, lejos de poder atribuirse individualmente a las características de un alumno de manera individual, están indicando que nos encontramos ante un problema estructural.

Quien mayoritariamente sufre el fracaso es el alumnado de rentas bajas, perteneciente a minorías étnicas, procedente de otros países y las personas con discapacidad. (OCDE, 2013).

El 64% del alumnado gitano de entre 16 y 24 años no concluye los estudios frente al 13% del conjunto de alumnado (FSG, 2013).

El 55% de los adultos cuyos padres no tenían una titulación de enseñanza Secundaria Superior tampoco alcanzaron un nivel educativo superior (OCDE, 2018)

España tiene la cifra más alta de alumnado repetidor en programas generales de Educación Secundaria Inferior de todos los países de la OCDE (OCDE, 2018).

La repetición no solo puede resultar inefectiva para ayudar al alumnado con bajo rendimiento a superar sus dificultades en la escuela, sino que puede también reforzar las desigualdades socioeconómicas (OECD, 2014). .

Son solo algunos datos que nos permiten asegurar que si seguimos “mirando” al alumno estamos “mirando hacia otro lado”. No puede ser responsabilidad de “un alumno” que en las escuelas, en lugar de propiciar la equidad, se sigan reproduciendo las desigualdades socoeconómicas, los estereotipos y los prejuicios que tanto daño han hecho y seguirán haciendo si no reaccionamos.

Niños catalejo

Imagen: Paula Verde.  Mi mirada te hace grande.

Aún más, si “miramos” al niño estamos perdiendo la oportunidad de mejorar el sistema educativo; de realizar un análisis y un cambio en profundidad que realmente posibilite transformar la escuela para que dé respuesta a TODO nuestro alumnado.

Con la finalidad de cambiar el foco del alumno como portador de las dificultades de aprendizaje, como poseedor del fracaso y enfocarnos hacia el problema real que subyace a toda demanda de ayuda, aunque venga en forma de “mírame a este niño”, es decir, situándonos en la óptica del modelo social, debemos buscar soluciones de manera colaborativa, contando con la implicación de los docentes, del equipo directivo pero también de las familias y del alumnado.

Mírame_a_este_niño_II

Viñeta de Héctor Palazón, orientador

Pasos

Fotografía de M. José G. Corell

Para ello necesitamos cultura de cooperación y colaboración. De esta forma podemos iniciar el camino en la construcción de la escuela y la educación que queremos. Construir una escuela más democrática, como lugar de convivencia no es posible sin contar con la participación auténtica de la familia y del propio alumnado.

Retomar aquellas de entre nuestras funciones que, en muchos casos, se han ido difuminando en la práctica durante el ejercicio de las mismas, explicitar y hacer entender el rol y pasar al modelo social serían algunas claves para ayudar a avanzar en esta linea.

En la práctica, y en general, nuestro colectivo no ha sabido hacer valer el rol como promotores de calidad y equidad, como coordinadores de planes y programas, como asesores colaborativos para la mejora real del proceso de enseñanza aprendizaje y de los centros educativos, quedando nuestro rol encasillado en tareas relacionadas con la atención individual a un reducido tipo de alumnado, y sobre todo con la evaluación psicopedagógica (al menos los equipos que trabajamos en educación infantil y primaria).

Redes

Fotografía de M. José G. Corell

¿Y cómo se puede llevar esto a cabo? Necesariamente, en el momento que nos encontramos, además de unirnos y crear redes, debemos ser críticos, rebelarnos, resistir presiones y desobedecer. Tendremos que buscar los recovecos y las grietas de la legislación educativa, tantas veces contraria con otra legislación de rango superior[1], que nos permitan avanzar, pero también desobedecer aquellos mandatos que no estén en consonancia con lo que por justicia debemos propiciar.

La voluntad que nos hace falta en algunas ocasiones a los profesionales, esa manera de creer en el alumnado, y ese amor de las madres, de las familias, ese tesón suyo sin fatiga, porque les va la vida en ello, los profesionales podemos encontrarla en que es de justicia ponernos del lado correcto, sin mirar hacia otro lado, porque nos va en ello la profesionalidad, la implicación, la empatía, el compromiso, la credibilidad, la humanidad y sobre todo es una cuestión moral y ética.

“Cuando una ley es injusta lo correcto es desobedecer”. Mahatma Gandhi.

“Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.” Eduardo Galeano.

[1] El mago sin magia: como cambiar la situación paradójica del psicólogo en la escuela. Paidós Ibérica, 2004.

[2] Admitido a trámite por el TSJ de Castilla La Mancha el recurso de SOLCOM contra el decreto que regula la inclusión educativa.

 

María José Gómez CorellCaptura

Orientadora educativa

Facebook: https://www.facebook.com/mariajose.g.corell

Blog: https://hablamosdeorientacion.wordpress.com/

8 comentarios en “¿Qué subyace a la expresión “Mírame a este niño”?

  1. No descarto que la intuición de los maestros sea correcta, pero antes de esa frase hay que preguntar qué medidas han tomado. Yo en ocasiones tb tiro de sarcasmo y digo: “espera que saque la bola de cristal y te digo lo que veo”, pero después, ¿qué hace el maestro? Detrás de esa frase está el que todos los profesores quieren un aula homogénea de niños “normales” y todo lo que se salga de esa idea sobra, por que en la facultad no les han dado las herramientas necesarias y tampoco intentan aprenderlas con este tipo de alumnos que es un reto para todos.

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  2. TODOS somos docentes y entre todos estamos llamados a transformar la escuela para que todo el alumnado quepa en ella y debemos trabajar codo con codo, colaborando, creando y afianzando redes para que esa escuela se haga realidad y no se vulneren los derechos de ninguna persona.
    Cuando un docente dice mírame a este niño está claro que algo está pasando, conjuntamente deberemos analizarlo y buscar las soluciones, pero soluciones reales, no responsabilizar al niño de lo que es un problema que va mucho más allá de la individualidad. Hay que abrír el foco de nuestra mirada, cuando no redirigirlo. Ese es nuestro trabajo y nuestra responsabilidad como orientadores, echando balones fuera no solucionamos nada.

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  3. Ojalá llegue pronto ese cambio profundo, y pasemos de ” mirar al niño” a mirar el sistema, que tanto segrega y discrimina, porque está claro que los resultados de ” esa mirada” individual, solo clasifican.

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  4. Es muy difícil “cuestionar” el contexto del aula creado por los compañeros como posible fuente de las dificultades y poder seguir teniendo un buen clima en el equipo docente. Pero se espera que los orientadores mantengan un buen clima cuando se cuestionan sus acciones.

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    • Nadie dijo que fuera fácil. Hay que transformar la escuela y para ello tenemos que cuestionar lo que venimos haciendo todos. También el trabajo que realizamos desde la orientación, es el que yo puedo cambiar, mi parte, tratando así de que cada cual se cuestione la suya. Tampoco creo que sean los docentes exclusivamente la fuente de las dificultades. Es algo estructural, hay que cambiar el sistema y nosotros, junto a los docentes, tenemos posibilidad de propiciar ese cambio, aunque sea a nivel de aula y/o centro. Un abrazo

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  5. Pingback: Feliz verano: echando un vistazo al curso 2018/19 en el blog Colectivo Orienta. | Colectivo Orienta

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