Mírame a ese niño.

“Mírame a ese niño” es una frase controvertida que escuchamos en el día a día de la orientación educativa. Bajo este título y a raíz de las publicaciones de nuestro compañero orientador, David González Gándara (Hay que mirar a este niño” , “Ya hemos mirado al niño“, “Si no quieres mirar al niño, ¿qué hacemos?“), que se ha sumado aportando tres viñetas, hemos querido recopilar diferentes reflexiones de varios orientadores/as sobre las expectativas del profesorado y los “vistazos” al alumnado. Gracias a Eugenia Jiménez, Patricia Ajenjo, Ana Murcia, Fernando Navarro y Raúl R. López por sus reflexiones y a Lourdes Otero y  David González por las ilustraciones.

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 Ilustración de Lourdes Otero, Orientadora

¿Cuál es nuestra función en los centros?

Por Eugenia Jiménez.

Creo que nuestro compañero David González Gándara vuelve a poner en la palestra temas clave para todos/as los/as que nos dedicamos a la Orientación: ¿cuál es nuestra función en los centros? ¿tenemos que dedicar más tiempo a la evaluación o a la intervención?  ¿qué podemos hacer nosotros si el equipo docente se resiste a realizar cambios y a la inclusión en general?

Desde un enfoque sistémico incluso habría una pregunta más profunda: ¿está ayudando nuestra profesión a que el sistema educativo se transforme para ser más inclusivo o estamos colaborando sin quererlo siendo instrumentos de la homeostasis, del no-cambio, al etiquetar al alumnado para que nadie tenga que replantearse nada, ni la práctica docente los profesores, ni su estilo educativo las familias?

Pues efectivamente corremos un alto riesgo de asumir inconscientemente ese triste papel. Y lo que al menos a mí me ayuda a intentar evitarlo es tomar conciencia de mis movimientos, de sus efectos, y usar recursos que he aprendido sobre todo en la formación sistémica y también en la experiencia.

Tomo conciencia prestando atención a las pistas. Si cada vez me derivan más casos individuales, ni yo ni el centro vamos en la mejor dirección. Pero cuando en las reuniones: de equipos docentes, de tutores, de ETCP… hablamos más de estrategias para el aula y de respuestas organizativas siento que avanzamos.

¿Y qué hago cuando recibo muchas demandas de “mírame este niño”? Si me la hacen a título particular, por un pasillo… pues lo primero, responderlas con humor. Lo segundo, concertar entrevistas no con el/la alumno/a, sino con la persona demandante, para analizar juntos qué le preocupa y clarificar muy bien qué podemos hacer cada uno/a.

Si me la hacen en un contexto de reunión colectiva, devolver la pregunta para ver qué hacen otros profesionales en ese caso que les funciona mejor, y sobre todo aprovechar para plantear estrategias que puedan servirles no solo a ese chico sino a la clase, y que por supuesto podemos preparar juntos. Pero primero, siempre, darle espacio a la emoción de frustración que pueden estar experimentando nuestros compañeros, y valorar lo que han intentado hacer.

Aprovecho el hecho de que soy una sola orientadora en un centro muy grande para hacerles comprender que tengo muy poca capacidad de atender casos individualmente, y que la única vía es que tengamos todos más recursos para responder a lo que nos llega.

Y me vigilo a mí misma de cerca, para detectar cuanto antes mis tentaciones de “súperorientadora” que lo diagnostica y resuelve todo, que me acechan de vez en cuando.

También miro al sistema educativo al que pertenezco, para descubrir por qué resquicios puedo introducir una intervención útil para el alumnado. Por una parte, me rebelan la normativa y los programas institucionales como Séneca porque me fuerzan a etiquetar a un estudiante para poder gestionarle los recursos que creo que necesita. Y creo que esto también hay que gritarlo hasta que nos oigan desde arriba: cómo se ha pervertido el concepto de necesidades educativas especiales. Por otra, aprovecho que el último protocolo en Andalucía exige varios meses de medidas ordinarias en el aula antes de una evaluación psicopedagógica para tener un tiempo en el que colaborar con mis compañeros/as probando cosas en su clase.

Y además de todo esto, valoro muy positivamente el trabajo que hacen en las aulas específicas, y en los centros específicos, y en los PTVAL, y en la Formación Profesional Básica… En mi ciudad creo que entre todos los orientadores/as estamos haciendo un trabajo bonito para que nuestros chicos y chicas estén aprovechando lo mejor posible los recursos que tienen a su alcance, cada uno en su momento. Tampoco tengo problema con esto, la verdad. Pero sí me preocupa que no se les atienda bien en el lugar que les da más posibilidades en cada momento, y por ello me esfuerzo cada día.

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Eugenia Jiménez Gallego

Orientadora del IES Isla de León, San Fernando (Cádiz)

Blog eSistémica

 

 

Expectativas de los profesores en los vistazos que podamos echar los orientadores.

Por Patricia Ajenjo Servia y Ana Murcia Asensio.

Las expectativas de los profesores en cuanto a los “vistazos que podamos echar” a nuestro alumnado, en nuestra opinión, pueden estar condicionadas por tres factores:

Por un lado, la herencia de un modelo orientador clínico, descontextualizado de la enseñanza, más evidente quizá en las etapas de Primaria, donde la figura orientadora tiene menor tradición. La orientación educativa aparece fuertemente vinculada a la identificación de necesidades educativas y a la  provisión de recursos especializados.

Por otro, por el desconocimiento de nuestras funciones por parte de la comunidad educativa. Se suele olvidar con frecuencia, que además de detectores de necesidades, podemos asesorar, por ejemplo, en la implementación de metodologías activas de aprendizaje. El gran abanico de tareas que llevamos a cabo tampoco a ayudar a desarrollar un modus operandi más o menos constante.  De esta manera, se vislumbran grandes diferencias interpersonales en el “hacer orientador” que además se ven condicionadas con las variables contextuales de los centros educativos. Capítulo aparte merecería un exhaustivo estudio comparativo comunitario.

Un tercer factor, pero no menos relevante, es la estabilidad del profesional orientador en los centros educativos. La consolidación de nuestro rol orientador permitiría:

  • Acotar y definir claramente nuestras funciones.
  • Concienciar sobre la necesidad de trabajar desde una perspectiva colaborativa, interdisciplinar e interservicios.
  • Impulsar la formación permanente del profesorado e incentivar proyectos con una perspectiva preventiva y de innovación educativa.
  • Contribuir a la sensibilización de la diversidad de nuestro alumnado…
  • Vencer sinergias que se dan los centros y que a veces condicionan nuestro “rango de acción”.

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Cierto es que tenemos que luchar con multitud de barreras, pero no es menos cierto que los profesionales de la orientación tambiénformamos parte de barreras. Orientar exige un ejercicio mayúsculo de introspección y de autocrítica. Por eso cuando escuchamos “mírame a este niño”, estamos recibiendo una petición de ayuda. Así que si somos seres inclusivos lo tenemos que ser con nuestros compañeros. ¿Por qué no contestar: “vale, lo miramos juntos” o “empecemos por conocer a su familia”?.

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Patricia Ajenjo Servia  

@Patriajenjo

Ana Murcia Asensio

@AMurciaAsensio

 

 

Mírame ese niño, mirémonos esta escuela.

Por Fernando Navarro Morcillo.

Al leer el escrito de David he sentido una mezcla de tristeza y decepción. La expresión “mírame a ese niño” ya estaba presente en mis comienzos allá por los primeros noventa. Pero si en aquellos años podía tener la justificación de que se estaba en los inicios de la orientación y en el desconocimiento de la misma, el que casi 30 años después se mantenga indica que hemos avanzado muy poco.

Cada Reforma de las muchas emprendidas ha implicado poco más que un cambio de nombres. Se ha transitado de la subnormalidad a la diversidad funcional pasando por la discapacidad y se evolucionado de la mera entrada física del diferente en las aulas a la inclusión pasando por la integración. Pero también las estrategias para perpetuar la segregación han evolucionado de forma paralela desde los grupos de apoyo, las clases de religión, las matemáticas fáciles o difíciles, la modalidad B de escolarización o el francés a ese supremo invento segregador que es el bilingüismo.

En el centro en que trabajo actualmente, el 15 de septiembre, cuando un alumno de 1º  ve el grupo  en el que “ha caído” ya sabe lo que esperamos de él. Está con sus vecinos de patio. En unos casos de patios de viviendas protegidas de barrio muy deprimido y en otro de patios con piscina y jardín de barrio de clase media. Las posibilidades de beneficiarse del contacto con el otro son nulas en los dos sentidos. La distribución no se ha hecho mirando los domicilios sino la procedencia de grupo bilingüe o no bilingüe. Además se han hecho grupos homogéneos con lo que la interacción enriquecedora se limita al recreo o las clases de religión, valores éticos… El alumnado no bilingüe no accede a formas más normalizadas de convivencia, no convive con otras pautas de conducta y trabajo y con otros lenguajes y sigue viendo a los otros como los “pijos”. El alumnado bilingüe no conoce los problemas sociales y familiares de sus compañeros no bilingües, no “se contamina” (como la canción de Ana Belén) con formas más espontáneas y libres de expresión y además desarrolla en no pocas ocasiones cierto sentido malsano de superioridad y prepotencia.

En este caso la Compensatoria actúa como  doble filtro segregador ya que al alumnado  tipificado como tal se le saca de sus clases de lengua y matemáticas de los grupos no bilingües de 1º y 2º para trabajar en pequeños grupos de nivel aún más homogéneos y estigmatizados. Esta situación se da en muchos centros, con la aquiescencia cómplice de la Inspección.

Pero donde yo veo el gran problema de futuro es en las actitudes de buena parte del profesorado nuevo que acepta esta situación como natural y de forma acrítica aún cuando suelen ser los llamados a lidiar con los grupos más difíciles. Su propuesta de trabajo ante la diversidad es conseguir del orientador u orientadora de turno un papel que justifique que ese alumno no puede aprobar y si lo hace es con una ACS que además le va a ir dando esperanzas para al final no llegar nunca a titular. Incluso cuando se ha “mirado a ese niño” la postura se acerca a la de una compañera de hace varios cursos que en una sesión de evaluación dijo algo como “el orientador dice que este niño no tiene TDAH, el médico de cabecera y la USMI dicen que tampoco pero este niño es un hiperactivo de libro”. Sin comentario. He buscado afanosamente ese libro sin encontrarlo. Todo esto no es tal vez generalizado pero tampoco es anecdótico.

Ya sabemos que los cambios de fondo en educación son más lentos que las meras dotaciones de medios humanos o materiales. También sabemos que son difíciles de consolidar pero que son los únicos que pueden hacer avanzar la sociedad hacia más altas costas de igualdad y solidaridad. No corren buenos tiempos para estas ideas en el mundo ni en Andalucía concretamente. El avance conservador es evidente y la tendencia a situar el hecho educativo en el centro de la disputa política, acumulando reforma tras reforma, es un hecho pertinaz. A este paso haremos cierto aquel aforismo que decía que una persona del siglo XVI que regresara a nuestro tiempo solo reconocería como instituciones en el fondo a la escuela, la iglesia y el ejercito.

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Fernando Navarro Morcillo

Orientador escolar

http://orientafer.blogspot.com/

 

 

Amablemente (metodología de trabajo).

Por Raúl López Reyes.

Cuando nos señalan a un niño o niña en la forma en que he denominado “ocultar mostrando” (1), a veces nos piden (o ya vencidos/as, sin necesitar pedírnoslo) que ante el riesgo de poder ser disruptivos en nuestras orientaciones/actuaciones, entendamos el punto de vista de los otros, de la cultura y tracidición del Centro, sin importar si hace evolucionar sanamente, o está dañando y haciendo sufrir a la niña, al niño y a la familia (2)… A veces nos piden que entendamos “la realidad” (como si fuera ya inmutable), llamando realidad al punto de vista del/de la responsable, del Ente, sin querer entender el Ente la vida y sus necesidades.

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Imagen: Robert Doisneau

A veces nos piden que, comprendamos, moderemos, aplacemos, es decir, que ocultemos nuestra opinión/acción ante esos ciertos inciertos ellos y ellas, (nuestra opinión y lo ya mil veces científicamente comprobado); aparentemente para no bloquear lo que en realidad ya está bloqueado (un supuesto camino de futuro posible cambio si lo dejamos estar de momento como está)… O no se nos pide a veces (uno/a nunca es infalible, y ni siquiera suficientemente bueno/a, ¡o sí!), se nos atemoriza (ante su temor), se nos paraliza, o peor, se nos llega a ordenar que desordenemos el Orden, que las necesidades del Sistema sea lo primero y luego las del alumnado. Pero no nos lo dicen así, sino que lo entendamos… Amablemente.

A veces respondo (responder ya es disruptivo) y siempre actúo también amablemente,
con el vendaval cierto del aleteo de una mariposa (3).

(1) “OCULTAR MOSTRANDO”…  https://colectivorienta.wordpress.com/2016/03/14/ocultar-mostrando-el-modelo-de-orientacion-sistemica-para-la-inclusion-educativa/

(2) Documento del 29/05/2018 del Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU en el que se DENUNCIA A ESPAÑA POR EL INCUMPLIMIENTO DE LOS DERECHOS HUMANOS…
http://www.edu.xunta.gal/…/4fb4bd31c88f419947274711a67498c8…

(3) “EL EFECTO MARIPOSA para la educación inclusiva”…https://colectivorienta.wordpress.com/2016/11/14/el-efecto-mariposa-para-la-educacion-inclusiva/

 

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Raúl R. López Reyes

Orientador educativo. Psicólogo. Psicoterapeuta.

Dirige la página de Facebook “Orientación educativa sistémica”.

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