Mi brújula hipersensible.

Son muchas y distintas las herramientas que utiliza cada profesor, y posiblemente puedan definir su sistema de valores y principios de educación. En este artículo, Rebeca Llamedo, con su estilo propio nos habla de una de sus herramientas básicas, la brújula, de interés especial para cualquier persona que trabaje en la educación de menores.

Diccionario de la lengua española (RAE): Brújula:
Del it. bussola. 1. f. Instrumento consistente en una caja en cuyo interior una aguja imantada gira sobre un eje y señala el norte magnético, que sirve para determinar las direcciones de la superficie terrestre; 2. f. Abertura por donde, entrecerrando los ojos, se mira mejor un objeto; 3. f. Mar. En una embarcación, instrumento que indica el rumbo, consistente en una caja, redonda y de bronce, con dos círculos concéntricos, de los cuales solo gira el interior, que lleva la aguja magnética, mientras que el exterior, fijo, lleva señalada la dirección de la quilla del buque; 4. f. desus. Abertura que sirve para precisar la puntería de la escopeta, y que corresponde a lo que hoy se llama mira, aunque es de otra forma.

Hay tres imágenes que me vienen siempre a la cabeza, como identificadores visuales, de la orientación: la veleta, el faro y la brújula.

En los tres casos, se relaciona la orientación educativa con el asesoramiento, el acompañamiento, la guía… del individuo para ayudarle a alcanzar un mayor bienestar. Un asesoramiento que colabora en su búsqueda de respuestas. Respuestas que pueden ser de muchos y diversos tipos: escolares, personales, profesionales, emocionales,…

La brújula es la principal herramienta de trabajo de un orientador. Un instrumento pensado para facilitar al alumnado las respuestas que necesita, con un objetivo: que pueda encontrar el mejor camino posible, de entre todas las posibilidades que frente a él se presentan. La brújula es por tanto, un instrumento que como bien dice la definición, señala hacia Norte.

Yo uso brújula. Todos usamos brújula. La mía es de latón. Dorada, envejecida y de tamaño bolsillo. Un poco desgastada por el uso. 36 años tardé en configurarla. Cada rallonazo que lleva, cuenta una experiencia. Se trata de la brújula más especial del mundo, para mí. Por ser mi brújula, por contar su propia historia.

Me encanta mi brújula, aunque no sea infalible y tenga margen de error. Porque mi brújula tiene muchas y buenas cualidades. Como la memoria, por ejemplo, la capacidad de aprendizaje; de reconducción de la situación; de reconocimiento de fracasos, de conciencia crítica… Pero llevo tiempo cuestionándome si será que mi brújula está estropeada. 

Al principio no me daba cuenta. Pensaba que todos los orientadores del mundo tenían una brújula como la mía. Pensaba que todo el profesorado del mundo, tenía una brújula como la mía. Pensaba que todas las familias del mundo, tenían una brújula como la mía.Y es que mi vieja brújula también lleva sensor. Uno capaz de percibir tristezas, angustias, ansiedades, penas, conflictos emocionales…Un sensor capaz de transmitirme esas emociones y de conectarme, aunque no siempre, con el otro. Y es que estoy convencida, de que mi brújula lleva integrado un corazón. Porque me guía para que pueda trabajar con sentido y eso, para mí, es muy importante.

Pero no parece ser que no, que para otros no es una cualidad nada buena.  

Mi brújula, me dicen muchos, no es como la de los demás. Porque mi brújula “peca” de ser hipersensible. “¿A quién se le ocurre tener una herramienta con sentimientos en el campo de la educación? ¡Pero si hoy en día, lo que sobran son artefactos pluscuamperfectos, que te dan soluciones racionales, eficaces 100%, sin necesidad de integrarle un corazón…!

Ains… qué cabeza la mía…

Si es que no puede ser que una orientadora tenga una arma hipersensible. ¿Qué hace una orientadora como yo con una brújula trucada como esta?   

Si vas a utilizar una herramienta, me dicen, lo que necesitas es un escudo. Uno grande, fuerte. Un escudo que te proteja. Los escudos llevan incorporados un material mucho más resistentes. No dejan pasar nada. Son impenetrables. Con ellos no hay amenaza, ni emoción, ni palabras, ni acciones posibles que puedan calarte. Es impensable que un escudo lleve un corazón incorporado. Tal vez, algunas brújulas vengan “mal de fábrica”, pero un escudo jamás podrá venir con semejante tara. Porque los escudos están pensados para dar la máxima protección a los guerreros. “La brújula, sin embargo, es mucho más delicada“, dicen. “Hay que aprender a manejarla con precisión, porque es una herramienta frágil: Es muy, muy fácil, perder el Norte sino sabes manejarla“. 

Parece ser, si he entendido entonces bien, que una educadora (independientemente de la especialidad), no debe permitirse el lujo de manejar herramientas hipersensibles. Es un riesgo innecesario por el que no debe pasar. 

Estas voces se justifican diciendo que mis funciones como orientadora están muy claras y, aunque sean muchas, he de ceñirme exclusivamente a ellas. “No puedo pretender, realizar bien todas las que tengo y encima cargar con otras que no me corresponden“. Al parecer mi mochila de recursos ya pesa bastante, como para encima, añadir también una brújula hipersensible. Y es que, un “buen profesional”, tiene que tener claras sus responsabilidades y limitarse a cumplirlas. Porque cuando firmas tu contrato en ningún sitio te pone: “Comprometida desde el corazón”.

Pero lo que quizás todas estas voces, no acaban de comprender, es que las brújulas no llevan pilas y que, ¡ohhh milagro!, su servicio dura 24 horas diarias. 

Brújula Banner Pixabay

Fuente de la imagen: Pixabay

Como a “palabras necias, oídos sordos” (y voy acabando), he sacado mis propias conclusiones: 

Si mi brújula no me guiase en mi trabajo, dejándome implicarme emocionalmente con las situaciones personales tan duras que viven muchos de mis alumnos, entonces:

1.- Yo no sería yo.

2.- Debería cambiar de profesión.

3.- No conseguiría conectar con su sufrimiento.

4.- Me resultaría imposible el asesoramiento.

5.- Tendrían que resetearme y volver mi brújula a 0.

Entonces:

¿Existe la opción real en educación de trabajar con el alumnado sin implicarse emocionalmente? Y si existe esa opción, ¿se vive con la conciencia tranquila? Hoy me lo pregunto y os lo pregunto.

¿Es mi brújula única en el mundo?

¿Realmente es posible ser buen profesional en este campo, marcando tanto la distancia? Porque, no sé los demás pero yo trabajo con personas. No trabajo con máquinas.


 

Orientadora educativa. 

Dirige la sección #LibrosParaOrientar en OrienTapas

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Un comentario en “Mi brújula hipersensible.

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