Mi querido Watson

La orientadora Rebeca Llamedo inaugura la nueva temporada de Colectivo Orienta con una reflexión personal, y con la que nos identificamos, acerca de la difícil tarea que supone indagar y responder a los problemas y dificultades de nuestro alumnado, pues ello significa a veces tener que convertirnos en verdaderos detectives de la educación. 

Como orientadora me encuentro casi a diario con alumnos y alumnas que llegan a mí porque, o bien necesitan hablar con alguien, o bien porque un profesor o su tutor me ha pedido que indague. Y es que son chavales, que por las razones que sean, despiertan entre el profesorado la duda de si estarán o no estarán “bien”: comienzan a despistarse en clase, se duermen, contestan, han bajado sus resultados académicos, sus padres han dado la voz de alarma… Y así el equipo docente pasa a enumerar infinidad de aparentes indicadores, que pueden ser tomados como una señal de que algo no va todo lo bien que debería de ir.

Aunque bien es cierto que la propia etapa de la adolescencia acarrea cambios, cada vez es más habitual (o al menos a mí me lo parece), que nuestros jóvenes sufran conflictos emocionales que les afectan, no solo en su vida personal, sino también en la escolar. Y ese es sin duda, el tema del alumnado que personalmente, más me preocupa.

Cuando un caso de este tipo llega hasta mí, como técnica en pedagogía (que no en psicología), paso por un rato a ponerme el disfraz de detective. Y es que jugar a Sherlock Holmes no es tarea sencilla. Primero porque, por mucho que lea y me documente, siempre tengo la sensación de no disponer de una suficiente formación y segundo porque tampoco conozco con qué voy a encontrarme. Pero, no hay alternativa. Al parecer esa es otra de mi larga lista de funciones.

Si se trata de un alumno que viene directamente a pedirme ayuda, esto me facilita las cosas. Aunque también es verdad que son menos los que se animan a venir voluntariamente. Pero haberlos hailos y quizás más de los que pudiesen parecer.

Si soy yo la que debo comenzar la conversación, el tema se complica. Y es que, ¿cómo iniciarla de manera acertada? Ya solo el hecho de subir a mi despacho parece que de alguna manera les impone cierto respeto. “No están en su terreno” y eso les incomoda y a mi que les incomode, también me incomoda. La pescadilla que se muerde la cola. Sondear con varias preguntas simples y vanales, comentar alguna anécdota de su clase, suele ser buena forma de empezar. Y si a la pregunta de “¿Qué tal?”, la respuesta es un “bueno…bien…”, entonces ya vamos por buen camino.

El uso de las metáforas para conocer aspectos como la dinámica familiar, aporta bastante información pero cuando la lealtad a la misma les bloquea, se establece una barrera muy difícil de romper. Y es que, en la mayoría de los casos, es precisamente éste el origen del problema.

Estoy muy segura de que las familias utilizan todos los recursos de los que disponen para ello. Pero cuando existe una cuenta emocional descompensada, un elevado nivel de exigencia, un problema familiar concreto o una carencia afectiva (por ejemplo), es inevitable que el adolescente presente síntomas en el aula. Y la verdad es que es un tema que la gran mayoría del profesorado, de manera habitual, pasa por alto, o no le concede la importancia que debería.

Es entonces cuando me tengo que cambiar el disfraz de Sherlock Holmes por el del Inspector Gadget, porque todos los recursos de los que dispongo son pocos para ayudar y a veces, me los tengo hasta que inventar. Especialmente cuando recuerdas que tu función se remite exclusivamente al ámbito escolar y comienzas a dudar si has pasado un límite que no deberías pasar, pero ¿cómo y dónde poner el límite a un chaval que siente tanta necesidad de hablar y desahogarse sin ser juzgado?

A veces sólo con estar y acompañar, dejar que se desahoguen, resaltarles que en tu despacho tienen un espacio para su necesidad, es suficiente. Y algo parece hacer rápidamente “click” para comenzar a haber un cierto cambio.

Otras, el conflicto emocional es tan importante que es necesario derivar a otros servicios, como Salud Mental, que les ofrecen la oportunidad de desarrollar herramientas para afrontar su situación, o al menos llevarlo lo mejor posible.

Es en esos días, cuando una se lleva el conflicto emocional de ese chaval para su casa, le da vueltas y más vueltas; lee, busca información, recursos, se intenta documentar y duda de sí su profesión debería haber sido panadera, artesana, fotógrafa o que se yo. Al final como siempre, la orientadora está desorientada. Y es que hay días que al disfraz de Gadget le faltan utensilios, o están estropeados, o no se disparan cuando se tienen que disparar.

Y es que de educación, ya sabemos que cualquiera habla. Y si nos centramos en el área de la orientación, todo el mundo parece tener las herramientas que a ti se te han perdido.  Menos mal que siempre está disponible el grupo de whatsapp de Orientadores de guardia, el grupo de Twitter Orientando TW, el de Telegram Orientando TG, o el marido que te prepara un té, para ayudarte a reencuadrar, sugerirte dónde buscar, prestarte su gadgeto-brazo o dibujarte un mapa para encontrar el tesoro.

Porque si nosotros no conseguimos hacerlo, ¿mañana quién hará de Sherlock cuando se acerque el siguiente?

Rebeca Llamedo - Foto para publicaciones

 

Orientadora en el IES Peña Mayor de Nava (Asturias)

Administradora de los Blogs:           

Orienta2 en Nava – Los libros de mi cole

 

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4 comentarios en “Mi querido Watson

  1. Hola, y yo que pensaba que ese asunto era solo conmigo. De alguna manera creo que es importante reconocer lo mucho que sirve alguien más en el mismo tema.

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    • Reflexionar es importante. A veces, una puede llegar a pensar que sus pensamientos no son compartidos por profesionales de la misma rama. En realidad cada dís estoy más segura que son mucho más los que nos unen, que los que nos separan. Aunque no nos demos cuenta.

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