Los padres que amaban a los maestros de sus hijos (y viceversa).

En este artículo, Carlos Pajuelo experto en el trabajo con las familias, resalta uno de los puntos clave para una verdadera revolución educativa: el entendimiento padres-profesores y la inclusión de las familias en la escuela. Para ello propone varios aspectos a tener en cuenta: respeto, confianza, comunicación… eliminando barreras y fronteras.

Oímos, hasta la saciedad, lo importante que es la colaboración de padres y madres en la escuela, la participación, la comunicación entre familias y profesorado. Y probablemente esto ocurra en muchas escuelas y en muchas familias, pero lo que se trasmite es todo lo contrario.

El profesorado se siente injustamente atacado, las familias se sienten injustamente cuestionadas y mientras tantos hijos y alumnos en medio “arrimando las brasas a su sardina”.

Yo creo que la revolución que necesita nuestra escuela no va a venir dada por ninguna Ley de Educación sino por la firme decisión de Familias y Profesorado para trabajar de manera conjunta, para validarse mutuamente en vez de reprocharse mutuamente.

Tenemos las mejores familias y tenemos los mejores colegios con los mejores maestros y maestras que ha habido nunca. Pero lógicamente entre todas esas familias, escuelas y profesorado, nos podemos encontrar algunas familias, escuelas y profesorado manifiestamente mejorables. ¿Y si hacemos un esfuerzo por buscar lo que nos une y no perder el tiempo en disputas absurdas de dimes y diretes?

 

¿Cómo mejorar esta relación?

En primer lugar tenemos que ser conscientes de que, a veces, utilizamos las palabras “los maestros” y/o “los padres” como si de un estereotipo se tratara y cada vez que surge un conflicto, pequeño o grande, nos agarramos al estereotipo para explicar la razón de ese conflicto y nos quedamos tan tranquilos… “los padres de hoy día no saben educar” contra “los maestros no tiene vocación, solo quieren vacaciones”. Yo creo que un poco de autocrítica nos vendría muy bien a todos, familias y profesorado, porque a veces nos equivocamos. Ejercer la educación es ejercer una tarea de comunicación y cuando nos comunicamos es fácil tener conflictos.

En segundo lugar, padres y profesorado tendríamos que tener muy claro que donde unos ven hijos otros ven alumnos y un hijo y un alumno son dos “bichos” diferentes, aunque tengan la misma cara. Por eso, es necesario la comunicación para ampliar el conocimiento, los padres podemos aprender cosas de nuestros hijos por boca del profesorado, pero también éstos pueden aprender cosas de sus alumnos por boca de sus padres.

En tercer lugar, familias y profesorado comparten una tarea que es la educación, y es tarea de ambos. No les podemos decir a los padres que los niños tienen que venir educados de sus casas de la misma manera que los padres no les pueden decir al profesorado que sus hijos tienen que venir aprendidos de la escuela. No será mejor que busquemos entre todos las maneras de dar respuestas a las demandas de los hijos-alumnos en vez de señalarnos mutuamente como “culpables” de las conductas de nuestros hijos-alumnos.

En cuarto lugar, hay que confiar, confiar en los padres y madres, confiar en el profesorado en que cada uno será capaz de ejercer su tarea convenientemente. Y si confiamos mutuamente estaremos más predispuestos a escuchar lo que piensan los otros, estaremos más dispuestos a aceptar sus sugerencias. Y no se trata de establecer una frontera de usted en su casa y yo en mi clase, porque está claro que la escuela no debe decirle a los padres y madres cómo tienen que educar a sus hijos  y tampoco evaluar el modo en el que las familias educan. Ni los padres tienen que evaluar a los maestros y maestras de sus hijos, ni a las escuelas. Pero escuela y familia tienen que tener muy claro que son complementarios y si una criatura tiene la mala suerte de estar en una familia que no es muy competente educando, ¿no le vamos a dar desde la escuela la educación que le pueda ayudar a integrarse eficazmente?

Por último, no hablar mal ni de los maestros y maestras, ni de los padres y madres ni de los hijos-alumnos. No se puede difamar a ningún maestro o maestra, no se puede difamar a una madre o un padre, y menos aún a través de una red social. Podemos discrepar, podemos reclamar, pero con el máximo de los respetos porque estamos educando. Como dice una estupenda psicóloga valenciana Mercedes Requejo: Observar, amar y no juzgar, porque ni tú ni yo sabemos qué es lo que viven los hijos, los alumnos, en sus familias, ni en sus centros.

Este es el esfuerzo que nos debería de ocupar a todos Familias y Profesorado, todos podíamos mejorar podríamos ser mejores padres y madres, mejores maestros y maestras… pero es que esa es la tarea en la que estamos embarcados en la de mejorar, no en la de echarle la culpa a los demás.

Carlos Pajuelo3c43393

Orientador Educativo

Escuela de Padres en el Diario Hoy

Anuncios

Un comentario en “Los padres que amaban a los maestros de sus hijos (y viceversa).

  1. Hacía falta un artículo como este. Efectivamente, si la principial misión de la escuela pública es garantizar una educación de calidad a todos los niños para así paliar las diferencias entre los puntos de partida en razón de la circunstancias de tu nacimiento, no se puede utilizar la excusa de la posible falta de atención en las familias para tirar la toalla ante las cuestiones que un menor presenta, pues la labor de la escuela es, precisamente, compensar estas carencias. Por otro lado, si me gustaría añadir un plus. Las familias si deberíamos tener derecho a cuestionar la labor de los maestros pues somos los defensores de los derechos de nuestros hijos y ellos son los receptores de este servicio y tienen derecho a evaluarlo. No quiero decir, ni mucho menos un cuestionamiento en el sentido que muchos podréis estar sufriendo constante e injustamente. A lo que me refiero es a que debería entenderse la profesión de educar como una profesión -como todas las demás- que debe mostrar sus resultados y eficacia, no en términos de notas, en absoluto, pero si en términos de desarrollo del menor, tanto a nivel emocional y social como de destrezas, integración y bienestar, y todo ello inmerso en un marco donde se conozcan claramente los objetivos y se comuniquen de forma clara y concreta, y donde también quede reflejada la parte que compete a la familia. Si tomáramos cada niño como un proyecto individual y único, afrontado desde todo el centro y con objetivos que le acompañan a lo largo de toda su vida escolar e incluyendo a las familias, podríamos por fin llegar a un mayor entendimiento. Que nunca será del 100%, porque estamos hablando de personas, pero se acercaría bastante. Gracias por este artículo.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s