Mágico número 7.

Os invitamos a leer las autorreflexiones de nuestro compañero Alfredo Álvarez, según las cuales es posible el cambio metodológico. Cambiar la evaluación, formarnos y coordinarnos, reorganizar las materias, educar el pensamiento crítico,… son algunos de los “7 mágicos” factores que harían posible superar nuestro obsoleto sistema de enseñanza.

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Imagen de Flickr

España lidera el abandono escolar prematuro en occidente con un 22% de alumnado que se marcha antes de tiempo de la escuela lo que supone el último peldaño del fracaso escolar que, por cierto, es visto siempre como algo individual y del alumnado. Los profesionales de la educación y, por tanto, los responsables, somos los docentes en primer lugar. ¿Hay mejor regalo que nuestro compromiso profesional de luchar para acabar con este dantesco fracaso escolar? ¿Cuántas promociones más de alumnado dejaremos que fracasen en este sistema educativo que no es capaz de darles respuesta? ¿Son las pastillas el remedio para aprobar? ¿Están las escuelas e institutos en sintonía con el tiempo que vivimos?

La palabra ubuntu que proviene de las lenguas zulú y xhosa describe, como decía Mandela, que “una persona es persona en función de los que le rodean” y “si todos ganan tú ganas”. Más que palabra, ubuntu es toda una filosofía de vida que se centra en la humildad, el apoyo mutuo, la empatía y la idea de que compartiendo se conecta toda la humanidad. OrienTapas y OrientandoTW es una pequeña muestra de compartir conocimiento.

Claro que hay muchas dificultades de enseñanza, mucha falta de profesionalidad sin consecuencias y la escuela está claramente de espaldas a la sociedad. Llevo más de 20 años en educación y me siento alienado, un bicho raro, un “salmón” educativo que nada contracorriente como asiduamente recalco en blogs como Mzungu. Nunca había visto al alumnado tan quemado y asqueado con su escolarización, que no es lo mismo que educación, como denunciaba en este video, grabado sin edición para vergüenza de mis hijos, al salir muy abatido de las sesiones de evaluación. Tenemos que decir lo que pasa (#yoyanomecallo) en estas sesiones, en nuestros centros, para mejorar realmente la educación y, más importante, para defender los derechos de nuestros menores compensando sus desigualdades de las que, por cierto, no tienen la culpa. Sí, queridos compañeros, debemos analizar los resultados reales, hacer autocrítica y autoevaluación como primer y fundamental paso como compartía con Víctor Cuevas en A golpe de timbre. Ya basta de corporativismo cruel, no más excusas, debemos erradicar lo malo de nuestro sistema educativo. No debemos dejarnos llevar por la corriente, no hay porque ir todos en el mismo barco, yo hace tiempo que viajo en una chalana y con un rumbo paralelo intentando recomponer y reciclar emocionalmente lo que se abandona desde el buque, que es muchísimo. A mi claustro, que siempre me invita a subir al barco, les digo con asiduidad que si todos vamos en la misma dirección cómo podemos saber que no hay otros mejores caminos. Hablar claro y no callarse, aunque traiga problemas, es lo que recomendamos a otros en casos, por ejemplo, de acoso, pero muchos de nosotros no somos capaces de denunciar lo malo que vemos diariamente  en aras de mantenernos “estables” en nuestra zona de confort. ¿Alguien duda hoy que la relación personal y emocional alumnado-profesorado es clave para el aprendizaje, la autoestima y el desarrollo personal?

En 2012 para compensar las graves desigualdades del alumnado más desfavorecido encargué tabletas para el alumnado de 3º PDC y PCPI de madera y abrí el blog (hoy casi cerrado) del Proyecto TableTea. Los estigmatizados pasaron a ser los envidiados. Alumnado y profesorado comenzaron a trabajar de forma colaborativa con herramientas como redAlumnos. Un pequeño éxito que todavía perdura, este curso con el alumnado de 2º PMAR y con la tecnología como medio, nunca como fin.

Pienso que mi trabajo como orientador, y por suerte psicólogo, dada la creciente deshumanización social, es “apapachar”, palabra indígena de Bolivia y México que tiene que ver con las “caricias del alma”. Recomponer y acompañar psicológicamente es, sin duda, lo más importante en mi labor orientadora ya que como decía PlatónTodo aprendizaje tiene una base emocional”. Me niego a educar en la frustración y creo que la felicidad debería ser una prioridad en nuestras escuelas y que nuestro alumnado debería llegar por la mañana tan contento como cuando marcha por la tarde. Sí, la tan renombrada educación emocional que tiene que ver también con la parte derecha de nuestros cerebros y, cómo no, con fomentar las habilidades sociales, la autoestima, la creatividad y el pensamiento crítico y divergente. Pero claro, como dice Diane Ravitch “Cuanto más ponemos el ojo en los exámenes más matamos la creatividad, la ingenuidad y la capacidad de pensar diferente”.

Los exámenes, uno de los puntos clave de los que yo denomino jinetes del apocalipsis junto con las calificaciones, las repeticiones de curso, los libros de texto, la memorización como metodología o los suspensos masivos de determinadas materias. Me constan los esfuerzos de algún profesorado pero si evaluamos para que suspendan, nuestro alumnado estudiará para aprobar y no para aprender. Si cambiamos nuestra manera de evaluar estaremos cambiando nuestra forma de enseñar.

Hace mucho tiempo que algunos luchamos contra estos malditos jinetes. Frente a ellos os propongo que en nuestra labor orientadora/educadora utilicemos la fortaleza de lo que yo denomino Mágico Número 7 compuesto por esta cantidad de factores para la compensación de desigualdades y la mejora real de nuestro sistema obsoleto de enseñanza:

  1. Partir siempre de las distintas formas de aprender, las inteligencias múltiples de Gardner y los distintos estilos de aprendizaje e intereses.
  2. Aprender haciendo como señala Bloom utilizando el PBL o aprendizaje por proyectos en nuestras clases para que nuestro alumnado cree contenidos. La emoción casi siempre conduce a la acción.
  3. Utilizar el aprendizaje cooperativo que incrementa la cohesión grupal y el sentimiento de pertenencia al grupo y consecuentemente la forma de evaluar.
  4. Utilizar los dispositivos móviles cotidianamente en las clases como medio favorecedor del aprendizaje.
  5. Educación emocional, creatividad, pensamiento crítico y hábitos saludables como ejes del proyecto educativo. Mejorar la autoestima y las habilidades sociales para poder ver lo positivo y el valor, por ejemplo, de crear sus propios contenidos o los beneficios de la actividad física. No a la medicalización de nuestras vidas.
  6. Organización de las materias en ámbitos de conocimiento, al menos en los cursos iniciales.
  7. Otros poderosos como la formación práctica docente, la coordinación real del profesorado y un verdadero sistema de evaluación (no de calificación de un examen) que valore el trabajo, las horas de dedicación y el progreso del alumnado.

Quizás no os parezca fácil, pero es posible. Repito que no valen las excusas típicas de quien no quiere hacer nada, “es que la LOMCE…”, “siempre se hizo así…”, “no tengo formación…”, “debo seguir el currículum…”. Quien quiere hacer algo encuentra siempre un medio.

Como profesionales de la educación tenemos el deber ético y legal de reciclarnos, formarnos y coordinarnos (sí, también en Julio) para mejorar la calidad, la equidad y la conexión escuela sociedad de cara a que nuestro alumnado no suspenda, no repita, no fracase, no abandone y acuda contento a nuestras escuelas obteniendo buenos resultados.

captura

Alfredo Álvarez
Orientador educativo y administrador del blog  Mzungu
@noveleirez
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