Orientación inclusiva.

El apoyo al proceso de enseñanza-aprendizaje y la atención a la diversidad son dos ámbitos clave en el trabajo de la orientación educativa. Por eso, me pareció interesante proponer en la comunidad orientapas un debate para reflexionar sobre el desarrollo de modelos inclusivos y, especialmente, sobre el papel que debe ejercer el orientador educativo para promover estas prácticas educativas. Fruto de ese amplio debate que se generó en las redes publico ahora algunas reflexiones.

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¿Por qué no me miras a este alumno?

Como escribe en este debate la orientadora Mercedes García Vázquez:

“Para promover modelos de escuelas inclusivas, tenemos que empezar por modificar nuestro modelo de orientación. Estamos muy anquilosados en un modelo clínico y es hora de plantearnos avanzar hacia un enfoque sistémico, que tenga en cuenta los contextos en los que se desarrolla el alumnado y no tanto el alumno en sí mismo. Y para ello, colaborar con el profesorado dentro del aula, acompañándolos, asesorándolos sobre metodologías basadas en experiencias educativas de éxito. Incluir no es dejar entrar, es dar la bienvenida”.

El orientador debe reflexionar y tomar una posición clara desde su rol de asesor y coordinador de muchas de las medidas de atención a la diversidad en un centro educativo. Debe convertirse en un promotor de cambios, en un transformador iniciando líneas y prácticas innovadoras seleccionando aquellas que ajustadas a su centro.

Con la ayuda de los profesores de apoyo debe promover el cambio de concepciones y dinámicas de trabajo en equipo, con el apoyo del equipo directivo debe propiciar una organización flexible e integradora en los centros (distribución y configuración de grupos, desdobles y apoyos, participación del profesorado,…), a través de líneas de formación iniciar metodologías activas e inclusivas en el aula,…

En palabras de la orientadora Rosa M. Santos:

“tenemos que replantearnos muchas prácticas orientadoras, empezando por la evaluación psicopedagógica, el censo NEE (aún muy anclado en un modelo clínico), el concepto de Nivel de Competencia Curricular demasiado simplificador, así como el concepto de ACI significativa y el modelo de respuesta educativa especializada de PT…”.

Un completo estudio sobre el estado de la cuestión es el que nos aporta Antonio Márquez en INED21 (parte 1 y parte 2).

¿Este alumno es tuyo?

El papel del orientador es fundamental en el paso de:

  • un modelo conservador que etiqueta la diferencia para realizar abordajes educativos individualizados y segregadores,
  • a otro modelo inclusivo que promueve la aceptación de la diversidad, la equidad en su atención educativa y las prácticas en el aula a través de apoyos inclusivos.

El foco no debe ser el alumno con dificultades, sino las prácticas inclusivas que se llevan a cabo en el aula, la eliminación de barreras educativas discriminatorias, y los apoyos necesarios en contextos ordinarios (aulas, recreos,…).

Y entonces, ¿yo qué hago?

A través del debate creado en orientapas y de la propia experiencia en mi centro planteo aquí algunos cambios-clave a realizar en los centros educativos.

En primer lugar, los equipos directivos e inspección deben asumir y participar en este cambio de modelo propiciando cambios organizativos y metodológicos en el centro y aula. Al inicio de cada curso debemos cuidar la inclusión de cada alumno acneae en los distintos grupos-clase, incorporar a los profesores de apoyo en determinados departamentos didácticos, hacer un reparto de las horas de apoyo centrado no exclusivamente en las materias de Lengua y Matemáticas, propiciar la docencia compartida profesor ordinario/especialista, poder compartir la tutoría lectiva con los profesores de apoyo, permitir un horario flexible de los profesores de apoyo a lo largo del curso para establecer asesoramientos, establecer horarios de profesores para posibles mentorías con alumnos acneaes,…

En segundo lugar, a través de líneas formativas de centro y trabajo colaborativo, habrá que dotar al profesorado de herramientas para desarrollar planteamientos en metodologías activas que favorezcan las prácticas inclusivas en el aula. En cada centro y cada curso se debería profundizar a través de seminarios de equipos docentes en metodologías como el aprendizaje basado en proyectos en el que puedan participar de forma activa todos los alumnos, enseñanza multinivel con diferentes niveles de complejidad propiciando la participación de todos, aprendizaje cooperativo para crear estructuras de apoyo mutuo (tutoría entre iguales) y distribución de roles en función de los potenciales personales, enseñanza personalizada descubriendo potenciales únicos y respetando diferentes estilos y ritmos de aprendizaje,…

Desde el departamento de orientación, habría que realizar evaluaciones psicopedagógicas y adaptaciones curriculares de forma colaborativa con el equipo educativo, centrada en las fortalezas del alumno, que identifique barreras en las propuestas de enseñanza, que ofrezca cambios en el aula para que el alumno pueda participar, con orientaciones claras para la atención de alumnos acneaes,… Tengo que reconocer que en este punto y, al menos en mi centro, queda mucho por aprender y mejorar.

Cambiar concepciones de los profesores: la atención inclusiva no es una opción del profesorado sino un derecho del alumnado, valorar las diferencias y diversidad como algo positivo, aceptar y respetar lo heterogéneo de los grupos,…

Cambio de rol de los profesores especialistas (pedagogía terapéutica, compensatoria,…). Los profesores de apoyo inclusivo deben participar en la elaboración de la propuesta curricular de aula a través de una estrecha coordinación con los departamentos didácticos. La docencia compartida dentro del aula ordinaria debe ser la práctica habitual, extendiéndose en otras materias no instrumentales o tutorías lectivas.

Un cambio de planteamiento metodológico supone un cambio en el modelo de evaluación. Actualmente, la nueva Ley educativa se basa en un cambio en la función y procesos de evaluación, por lo que en este apartado queda, al menos en mi centro, mucho por modificar.

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Y tú, ¿qué papel vas a adoptar ante la inclusión?

En mi centro, como en muchos otros, no todo está hecho. Estamos dando los primeros pasos. Desde hace un tiempo los profesores de apoyo se han incorporado a las aulas poco a poco, y desde hace dos años de forma más planificada, comprometida, global y coordinada: incorporación en los departamentos de Lengua y Matemáticas, docencia compartida en el aula ordinaria en la mayoría del horario, apoyos en materias diversas (no sólo las instrumentales), incorporación en algunas tutorías lectivas (por ejemplo, con alumnos TEA), horarios “libres” de asesoramiento al profesorado (semana flexible a mitad del primer trimestre),…

Tengo que decir que este modelo de docencia compartida flexible, lejos de dificultar el trabajo de los profesores de apoyo de nuestro centro, ha aumentado la coordinación con el resto del profesorado, así como el número de horas de atención recibida especialmente con alumnos con dificultades de aprendizaje. Todo el claustro ha aceptado y valora la figura de los tres profesores de apoyo del centro dentro de las aulas. De hecho, algunos profesores han aceptado voluntariamente realizar mentorías individualizadas en alumnos con necesidades educativas acompañadas de dificultades de adaptación y convivencia.

En esto ha sido esencial el apoyo abierto del equipo directivo y la inspección. También es necesario algo de paciencia para que el riego por goteo, cale y podamos recoger sus frutos.

Es sólo el principio de un gran camino que todavía no ha acabado.

El próximo capítulo lo escribiremos entre todos.

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2 comentarios en “Orientación inclusiva.

  1. Muchas gracias por la entrada, voy a citarla en mi tesis, si no os importa. Creo que es muy importante la incorporación de los especialistas dentro de las aulas. En verdad muchos centros lo están ahora implantando, pero todavía hay dificultades con algunos especialistas como el de Audición y Lenguaje. Ya creo que comenté esto en otro debate, donde se debía formar a estos especialistas en metodologías de trabajo diferentes, que no abusaran de la intervención clínica y permitieran diseñar actividades que permitan involucrar a todo el alumnado, no solo al que presente problemas en la comunicación. Y como sugerencia, recomendaría pasar del “aprendizaje basado en proyectos” al “Aprendizaje y Servicio”, donde ese proyecto, para el cual han recibido formación, lo aplicarían en un contexto con necesidades, involucrando al alumnado en la sociedad y promoviendo la participación de la comunicación en las instituciones educativas, además de los valores en que serían educados todos/as.

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